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La Entrevista

Natanael Espinosa: dirigir una orquesta, vivir un sueño y transmitir emociones

El Ahuizote
El Ahuizote
mayo 25, 2026

La música no siempre comienza en un escenario. A veces nace en un salón de clases, en una canción escuchada durante la infancia o en esa sensación inexplicable de que algo vibra distinto dentro de uno mismo. Así lo cuenta Natanael Espinosa, quien hoy dirige una de las agrupaciones musicales más importantes del norte del país: la Orquesta Filarmónica del Desierto.

En una charla cercana y llena de sensibilidad, el director compartió parte de su historia, sus sueños, los retos detrás de una orquesta y la pasión que lo llevó a convertir la música en el proyecto de su vida.

¿Qué significa para ti estar al frente de la Orquesta Filarmónica del Desierto?

“Es un honor enorme y también un sueño hecho realidad”, responde Natanael con una sonrisa que deja ver el orgullo por el camino recorrido.

Cuenta que llegó a Saltillo en 1998 para estudiar música en la Universidad Autónoma de Coahuila, una carrera que en ese tiempo duraba ocho años. Su instrumento fue el violonchelo, pero con el tiempo descubrió que quería ir más allá y especializarse en dirección orquestal.

“Después me fui a Europa y a Estados Unidos para continuar preparándome y finalmente regresé a Saltillo para construir este proyecto que hoy conocemos como la Orquesta Filarmónica del Desierto”.

Para él, dirigir esta agrupación representa mucho más que un cargo profesional: es el resultado de años de disciplina, estudio y amor por la música.

¿Cuándo descubriste que la música sería tu camino?

Natanael recuerda perfectamente ese momento. Fue cuando cursaba quinto de primaria.

“Yo sentía que la música la vivía distinto. No era solamente escuchar canciones, era sentirlas profundamente”.

Aclara que no se trataba precisamente de música clásica. Como muchos jóvenes de su generación, creció escuchando el rock de los años noventa, pero había algo en él que conectaba emocionalmente con cada sonido.

“Desde ahí traía el chip de que quería ser músico”.

Durante la adolescencia pasó por distintas etapas: quiso formar bandas de rock, tomó clases de canto, aprendió guitarra y más adelante descubrió otros instrumentos.

Una experiencia que marcó su vida ocurrió cuando su familia tuvo que mudarse temporalmente a Los Ángeles, California, debido a un problema de salud de su padre.

“Allá entré a la banda sinfónica de la escuela y toqué clarinete. Todo eso fue construyendo poco a poco lo que soy ahora”.

¿La música afinó tu sensibilidad o ya naciste con ella?

Natanael considera que la sensibilidad artística siempre estuvo en él, aunque reconoce el papel fundamental de sus padres para ayudarlo a desarrollarla.

“Mis papás me apoyaron mucho. Siempre estuve en clases de algo artístico y eso fue encaminando mi vida”.

Para él, descubrir desde joven aquello que realmente apasiona puede cambiarlo todo.

“No hay nada mejor que tener claridad sobre lo que quieres hacer, porque cuando tienes claridad, los caminos comienzan a abrirse”.

¿Hay algún concierto que haya marcado tu carrera?

Aunque asegura que cada presentación tiene algo especial, hay un momento que guarda con enorme emoción.

En 2016, mientras caminaba por la explanada del Palacio de Bellas Artes, imaginó lo increíble que sería dirigir algún día en ese recinto emblemático.

“Recuerdo haber pensado: ‘Qué hermoso sería tocar aquí algún día’”.

Meses después, la orquesta recibió la invitación para presentarse en Bellas Artes.

“Fue impresionante. Lo soñé y ese mismo año se hizo realidad”.

El debut de la Filarmónica en el máximo recinto cultural del país ocurrió en enero de 2017, convirtiéndose en uno de los momentos más significativos de su trayectoria.

“Mi instrumento es la orquesta”

Actualmente, la agrupación está conformada por alrededor de 70 músicos, algo que implica una gran responsabilidad humana y artística.

¿Cómo es dirigir a tantas personas al mismo tiempo?

Natanael lo explica con una comparación sencilla.

“Una orquesta funciona como una gran empresa, pero con una diferencia: aquí el trabajo es completamente humano y directo”.

Asegura que la relación entre el director y la orquesta es muy especial.

“El instrumento del director es la orquesta. Así como un pianista necesita su piano, yo necesito a la orquesta para hacer música”.

Pero dirigir no se limita únicamente a marcar tiempos o coordinar sonidos. También implica comprender emociones, estados de ánimo y sensibilidades.

“La orquesta respira, siente, tiene días buenos y días difíciles. Esa interacción es lo más interesante de este trabajo”.

¿Qué buscas provocar en el público durante un concierto?

Para Natanael, la música siempre cuenta una historia.

Explica que cada compositor escribe desde emociones, contextos políticos, situaciones personales o incluso encargos específicos, y que la misión de la orquesta es transmitir fielmente esa intención.

“Si el compositor quería expresar nostalgia, alegría, miedo o esperanza, nosotros tenemos la responsabilidad de hacer sentir eso al público”.

Más que interpretar notas, la Filarmónica busca generar experiencias emocionales.

“Eso es lo más bello de la música: que puede hacer sentir sin necesidad de palabras”.

Un viaje musical por Argentina

Antes de concluir la entrevista, Natanael compartió detalles sobre el próximo concierto de la Orquesta Filarmónica del Desierto.

El evento llevará por nombre Viaje Argentina y contará con la participación de un director invitado proveniente de la Patagonia argentina.

“Será un programa completamente latinoamericano, con música argentina y brasileña. Además, tendremos el estreno de una obra de un compositor argentino”.

El concierto se realizará en el Teatro de la Ciudad Fernando Soler y promete ser una noche llena de pasión, emociones y sonidos que conectarán directamente con el corazón del público.

Porque, como deja claro Natanael Espinosa, la música no solo se escucha… también se vive.

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