El pasado 6 de noviembre de 2025, la ciencia mundial perdió a uno de sus más célebres protagonistas: James Dewey Watson, el biólogo molecular que, junto con Francis Crick, descifró en 1953 la estructura de doble hélice del ADN. Watson falleció en un hospicio en East Northport, Nueva York, a los 97 años.
Desde su nacimiento el 6 de abril de 1928 en Chicago, Illinois, Watson mostró temprana inclinación por la biología, aunque al principio se interesó por la ornitología. Su destino cambió al leer la obra What Is Life? de Erwin Schrödinger, que lo impulsó hacia la genética.
En Cambridge, trabajando en el laboratorio de Cavendish, Watson y Crick unieron fuerzas para descubrir cómo se organiza el material hereditario. Su modelo de la doble hélice no solo resolvió un misterio de la biología sino que sentó las bases para la era de la genética, la biotecnología, la medicina personalizada y muchas otras áreas.
Por su hallazgo, Watson fue galardonado, junto con Crick y Maurice Wilkins, con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962. Luego extendió su influencia como director del Cold Spring Harbor Laboratory (CSHL) en Long Island, transformando esa institución en un referente mundial en biología molecular.
Pero la historia de Watson no puede contarse sin sus sombras. En años recientes, sus declaraciones sobre la inteligencia de personas de raza negra generaron condena internacional y llevaron a que se le retiraran varios honores académicos. Aunque sus contribuciones científicas fueron monumentales, su legado aparece teñido por el debate ético, social y moral.
En su vida personal, Watson también estuvo marcado por desafíos: uno de sus impulsos para entender el genoma humano fue la enfermedad de su hijo, diagnosticado con esquizofrenia. El propio Watson vio en la genética una vía para arrojar luz sobre enfermedades mentales.
La muerte de Watson representa el cierre de un capítulo importante de la ciencia del siglo XX, un capítulo que mezcla descubrimiento, ambición, ética y controversia. Como dijo un investigador de CSHL: “Su descubrimiento de la doble hélice va junto a Darwin y Mendel como uno de los hitos fundamentales para entender la vida”.
En resumen, Watson deja un legado dual: por un lado, la puerta que abrió para que hoy el ADN sea estudiado, manipulado y comprendido; por otro, un recordatorio de que el genio científico no está exento de responsabilidad social y humana. Sus logros seguirán polinizando la biología y la medicina, pero su figura también seguirá generando reflexión sobre los límites de la ciencia y la conducta humana.




