Así de entrada, la ecuación pareciera de fácil resolución. Siempre va a ser mejor pagar para tener algo tuyo que el dinero se quede, de otra manera, contigo mismo.
En la realidad, poder lograrlo no es nada sencillo. En las ciudades con alto poder adquisitivo, los terrenos y la vivienda han alcanzado precios estratosféricos. Donde la vivienda se ha vuelto barata son zonas o regiones con grandes problemas en su economía.
El precio de compra y renta ha aumentado, especialmente en las grandes ciudades como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, así como en Saltillo, donde además la especulación por la llegada de Tesla —la cual no se instaló— creó una burbuja de precios a lo largo y ancho de la región sureste de Coahuila y de Nuevo León.
Los salarios de muchas personas no crecen al mismo ritmo que los precios. Esto se vuelve más preocupante en las regiones donde la vivienda tiene un alto costo.
También hablamos de que en el país hay un alto porcentaje de familias que viven en la informalidad, lo que no les permite tener acceso al crédito.
Así las cosas, la Ciudad de México se mantiene como uno de los centros urbanos más atractivos del país debido a su dinamismo económico, político y social. No obstante, el constante incremento en los precios de la vivienda dificulta la adquisición de inmuebles.
Lo anterior coloca a la renta de departamentos como la alternativa principal para miles de habitantes que buscan establecerse en la capital; sin embargo, este mercado de arrendamiento enfrenta presiones inflacionarias significativas debido a una elevada demanda habitacional.
Según los expertos, rentar tiene como ventajas una menor inversión, mayor flexibilidad para cambiar de vivienda e, inclusive, de ciudad. En teoría, el propietario debe hacerse cargo de las reparaciones. Dentro de las desventajas se encuentra que el propietario puede incrementar la renta con el tiempo, así como la no generación de patrimonio.
Comprar requiere de un enganche y gastos de escrituración. Por otra parte, brinda estabilidad y un patrimonio propio. Aquí, los gastos de mantenimiento y reparaciones futuras dependen totalmente de ti.
En México, la mayor parte de las personas compra su primera casa entre los 30 y 45 años, aunque la edad puede variar según el ingreso, el acceso a créditos y la región. De los 20 a los 29 años, pocas personas tienen el interés de adquirir una vivienda.
De los 40 a los 49 años, quienes buscan vivienda generalmente adquieren su segunda propiedad o una de mayor tamaño.
Después de los 50 años, las personas adquieren viviendas para el retiro.



