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Opinión, Plumas

Amar al perro… ignorar y detestar al humano

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
agosto 3, 2026

Hay eventos, hechos los cuales nos desnudan y para siempre. Hay eventos, hechos, episodios los cuales nos retratan de cuerpo entero y no hace falta un literato, un sociólogo, un político, un psicólogo, un ingeniero, un científico para darse cuenta de ello. Sólo hace falta algo ya imposible hoy: inteligencia y sentido común. Lo cual insisto, hoy ya no es propio de humanos, es sólo tributo de celulares “inteligentes.”

La muerte de un perro tieso (“Rocky”, se llamaba dicho animal) a manos de su ama (¿cuerda o con un detalle de salud mental?), desató un infierno en Saltillo y la región. Lo desataron las redes sociales donde todo mundo habla y opina, pero lo grave, fue que los medios de comunicación se tragaron la engañifa y le dieron un eco inusitado. Lo anterior ya ha quedado como una huella, una cicatriz en esta sociedad y podrida, donde se ama y se santifica a un perro tieso (¡le llevaron veladoras, por Dios!) y… nadie se preocupa por un ser humano.

¿Cómo se le llama a lo anterior? Manipulación brutal y total. Sociedad ñoña. Habitamos una sociedad ignorante, mezquina, ruin. Sociedad de ignorantes. Sociedad de doble o triple moral. ¿Debe de sorprendernos? No. Simplemente es la condición humana. Triste condición humana. Y todos estamos sujetos a este vaivén de simpatías o antipatías. Somos un cúmulo de contradicciones. Cuando ayer dijimos negro, hoy por las recuas del viento y destino, decimos blanco… y también lo defendemos. 

No hay ideas duras de raíces fuertes ancladas en la tierra. Hoy todo es líquido, volátil, como lo acuñó el filósofo Zigmunt Bauman. Memoria y compromisos líquidos, los cuales escapan de la mano. ¿Ayer dijimos blanco? Pues hoy es negro. E insisto, lo defendemos. Por eso los dobles o triples discursos. Por eso esta sociedad es efímera, fútil, ñoña, sosa… 

Y sin raíces ni semillas fuertes las cuales fructifiquen y nos nutran, es imposible avanzar. Para mí, el origen de amar  a un perro, a una rata o a un árbol, es lo siguiente: hay una trilogía de cintas (parece ya van cinco y una serie de Netflix, puf. Ando atrasado, como siempre) llamadas “John Wick”, estelarizadas por Keanu Reeves, de tres he visto dos. Muy animadas, sanguinarias y ultraviolentas. La saga ha recaudado millones de dólares en taquilla en todo el mundo. Millones de dólares. 

¿El tema, la trama? El asesino Wick mata en la película a 84 personas porque unos desadaptados sociales le matan a… su perro. De nuevo en letra redonda: la saga de cintas ultraviolentas “John Wick”, están basadas en la siguiente historia: muere la esposa del asesino de muerte natural, pero unos punks rusos descastados le matan al perro el cual le dejó como herencia sentimental la esposa del asesino. 

En corto:

#Éste, en venganza por la muerte del amado perro, mata a 84 seres humanos en la primera película. Fin. ¿Sabe usted por qué lo hizo? Como en el viejo corrido de “Laurita Garza” … “Nomás porque las podía…”

#En esos días del perro tieso en Saltillo, en Zacatecas hubo al menos 14 asesinados: políticos, empresarios, gente de bien, pues. Pero, los capos y jefes tienen esto lo cual hoy estoy bautizando como el “Síndrome John Wick”: tienen el poder de matar y mandar matar. Tienen el poder de ordenar matar y desaparecer humanos sólo por hacerlo. O por un motivo trivial… como amar más a un perro.

# “Síndrome John Wick.” Se mata por el amor de un perro, por un árbol, por celos… ¿Y los humanos? Son ¡Basura! Y nadie protesta, nadie dice nada y las redes no arden. Este ya no es mi mundo. Jamás. 

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