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Opinión, Plumas

Perros, alcoholismo y vida

El Ahuizote
El Ahuizote
agosto 10, 2026

El pulso de la ciudad se mide por sus acontecimientos en apariencia triviales, lo he escrito antes y con frecuencia. Las grandes epopeyas donde se mide la temperatura de la ciudad y el verdadero carácter de sus habitantes, no es en el Cabildo local y mucho menos en las lustrosas gradas y curules del Congreso del Estado, no; la verdadera y real temperatura de sus habitantes se mide en la calle, en sus manifestaciones, en sus discusiones, en la cantina o en el café de la esquina, donde todo mundo trata de arreglar el mundo (reducido a la ciudad, claro) … o desreglarlo.

Aún o hemos salido del todo de la resaca de la muerte del perro tieso llamado “Rocky” el cual “conmovió” (lo que eso signifique) a medio Saltillo, aún no salimos de ello, digo, cuando una verdadera tragedia (como suceden diario) se hizo presente y una y otra vez puso en el tapete de la discusión el flagelo de los jóvenes (y los no tanto) en la ciudad y en el país: la ingesta cruenta y despiadada de alcohol. Hasta morir, pues.

No hay madurez, no hay autocontrol, sencillamente nuestros jóvenes (y los no tanto) están perdidos. Un muchacho de apenas 29 años, el joven Aarón Camacho murió envuelto en llamas en su auto luego de estar en una fiesta donde consumió bebidas alcohólicas. Fue el miércoles 29 de julio. Era enfermero y la comunidad médica expresó sus condolencias en eso llamadas “redes sociales.” Pero nadie va al meollo del asunto: la ingesta brutal de alcohol ya no sólo los fines de semana, sino siempre.

Tengo una constante en mi vida, mis autores favoritos son por lo general alcohólicos, su genio está emparentado con la locura, son excéntricos y no pocas veces son exiliados de sí mismos. Varios al azar: Charles Baudelaire (murió en la locura y atado al potro de las adicciones), Francis S. Fiztgerald murió por tanto alcohol en las venas, Ernest Hemingway se suicidó, pero antes lo bebió todo. Los escritores y poetas habitamos “Las garras del amor, los venenos del antro…” Charles Baudelaire. Grave y delicado el problema de salud público llamado alcoholismo. 

Edgar Allan Poe (1809-1849). Siempre aparece este poeta y narrador. Debo de tener el 90% de la obra escrita por Allan Poe. El problema y como siempre, es uno: no la encuentro al momento de redactar esta nota. Lo estoy releyendo para un buen ensayo sobre su vida y obra. Pero, estoy releyendo recopilaciones, antologías de sus textos. 

En estos días debo de encontrar por ejemplo, sus cuentos completos editados por Aguilar. En una de sus piezas perfectas y uno de sus textos más celebrados por todo mundo y en el mundo entero, en las palabras de Edgar Allan Poe escritas en “El gato negro”, reconocemos su poderío al haber dejado tatuado lo siguiente a fuego lento. Lea usted: “¿Qué enfermedad se puede comparar con el alcohol?”. Desgraciadamente una vez más se ha cumplido su aforimso lapidario en la ciudad.

En corto:

#Ya nadie lo recuerda, pero ninguna enfermedad se compara al alcoholismo.  Hace un año, una joven madre de familia (Mónica Briseida “N”) murió decapitada por el impacto brutal del auto que manejaba, contra un negocio de comida en un bulevar urbano. Fue tan espeluznante aquello, que su cabeza no era encontrada, casi desintegrada. Sobra decirlo, iba alcoholizada, según los dictámenes periciales. 

#El confinamiento por el Covid-19 alentó patrones de alto consumo de alcohol. El encierro hizo más alcohólicos a los mexicanos (Sigo los datos del Instituto Nacional de Salud Pública 2022). En las mujeres adultas aumentó el consumo  de 33.5% a 42.5%. Entre jóvenes (menores de edad, para los cuales y en teoría, está prohibido su venta y consumo) aumentó la ingesta de alcohol 13.9%. Así andamos, pero se ama más aun perro que a un humano. 

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