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Opinión, Plumas

Mundialito y Violencia  

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
junio 22, 2026

Como era de esperarse, mis ideas sobre ese deporte pedestre y propio de micos, no de gente pensante, han caído mal. No quiero complacer a nadie. No quiero implantar mis ideas. Pero, hay algo sencillo: el soccer no me gusta y no se me da. Jamás. Desde chavo, pues. ¿Lo jugué? Claro, en la secundaria y en la preparatoria. Como Dios manda. 

La tierra es redonda. Y tan es así, que el balón de fútbol es redondo y con sus giros desbocados en un partido fundamental –como hoy en la copa del Mundialito– hace vibrar la piel y el esqueleto de los aficionados que contemplamos el último giro del balón antes de que entre en las redes de las porterías de los equipos en juego.

México contra Sudáfrica. México contra… Es la primera ronda de partidos donde nuestro país e jugará su boleto a seguir compitiendo, o bien, como siempre, embolsarse las derrotas a cuestas y con el llanto compartido de los millones de mexicanos que, abnegados, volverán a espetar: ahora sí, para la próxima se armará un buen equipo.

Pero, atención aficionados y lectores todos. Pocos reparan en un hombre que guarda en su soledad, la virtud y su condena en el campo de batalla. Me refiero al cancerbero, al arquero, al portero. El portero es un solitario. Para usar un verso de Joaquín Sabina, el potero está solo en sus tres palos, como el “poeta en un aeropuerto.” Gordo o musculoso, temerario o reservado, ágil o retraído, pero el arquero guarda en su soledad su estigma y su heroísmo. Por eso y cuando fui joven, elegí estar como portero.

¿Por qué elegimos ser arqueros, cancerberos y no elegimos meter goles y ser los niños bien peinados y bien portados del cuento deportivo? Porque el portero es como el escritor: un oficio para solitarios, para seres amargados; pero también, porque acaso el portero es el jugador más importante del equipo. 

¿Alguien se ha fijado que los porteros llevan sobre sus espaldas siempre el número 1? No el 10 (la perfección), no el 7 (simbólico y mimético en la defensa o en la media cancha), no el 5 (impersonal), no. Los porteros llevan el número 1, porque de este tamaño es su presencia en el campo de batalla. El escritor Albert Camus quería ser portero y jugó esta posición en su niñez, escribió: “La patria es a la selección nacional de fútbol”, le creo. Episodio tristísimo en España: un arquero, al lanzarse por una pelota que amenazaba 


con anidar en su portería, se lanzó en pirueta ágil y acrobática, sólo para caer muerto al golpear su cabeza con un poste. El portero murió, pero pasó a la eternidad en un poema de Miguel Hernández: “Elegía al guardameta.”

En corto:

#Otro poeta y aprendiz frustrado de portero, Rafael Alberti, escribió una encendida y arrebatada oda a un oso rubio, al guardameta húngaro Platko. Alberti escribió: “Nadie se olvida, Platko,/ no, nadie, nadie, nadie,/ oso rubio de Hungría./ Ni el mar,/ que frente a ti saltaba sin poder defenderte./ Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía. / Ni el mar, ni el viento, Platko,/ rubio Platko de sangre,/ guardameta en el polvo: pararrayos.”

#Casi final: le conté aquí en lunas pasadas de la terrible violencia que genera un juego infantil de Soccer en nuestro país. La ONU acaba de lanzar un reporte de infarto: la violencia familiar y contra las mujeres aumenta más del 30% durante la temporada de mundiales de Soccer. Ja. Deporte de macacos. 

#Gran final: Una antigua frase dice a la letra: “un equipo de fútbol es un portero y diez jugadores.” Fui portero, la soledad del poeta y del arquero. 

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