“La madurez lo es todo”, espetó el Rey Lear de William Shakespeare en su inconmensurable obra dramática. ¿Qué están haciendo los maestros e instituciones para formar de verdad, hombres maduros, críticos, en libertad y celosos de guardar el bien común y promover valores como la dignidad, la civilidad, la democracia; ¿es decir, el tener como bases la educación y cultura como la semilla que habrán de inyectar en los niños y adolescentes, eso llamado el futuro de México?
Usted lo sabe, soy pesimista: creo que poco o nada se está haciendo a favor de ellos. De hecho, con la maldita pandemia, los niveles de educación y formación se han deteriorado a tal grado, que es imposible hablar de formación hoy; no hay avances, sino retroceso. Un retroceso brutal. Las secuelas están a la vista ¿Para qué sirven las Escuelas Normales, formadoras de maestros y profesores los cuales habrán de educar a sus hijos? Tengo la peor opinión de dichas escuelas. Sirven para poco. Aunque usted lo sabe, parte soy lo que soy porque tuve buenos maestros en mi escuela primaria y secundaria. No todos son buenos, no todos son malos.
Pero, hay un común denominador en ellos: escasean los buenos maestros que aumenten o fomenten la capacidad de investigar y de leer de nuestros niños y adolescentes. Si un maestro no lee ni se prepara ni se actualiza, no puede fomentar ni amar lo que no cree y menos si no lo conoce ni lo paladea. Dije dos cosas básicas: investigar, despertar la curiosidad de los niños y claro, lo básico: saber leer y escribir. Fomentar el amor por las letras y la lectura. Y claro, no estoy hablando de otras cosas más graves y altas como el valor de la democracia, la libertad, el apostar la vida por lo que creemos.
¿Creen nuestros jóvenes en la democracia y sus leyes para elegir en igualdad y libertad a nuestras autoridades? Al parecer, no. Los jóvenes creen en tatuajes, en memes, en fruslerías de la red de Internet, en eso del aura… pero no creen en su voto. Si no creen en su voto libre y secreto para cambiar el mundo en el cual viven, entonces no creen ni en ellos mismos.
Por algo los resultados de la Prueba PISA a nivel internacional, firmados por la OCDE, de donde es México cuerpo colectivo, donde se evaluaron a los muchachos en edad educativa (10 años a 16 años en promedio), han causado tanto revuelo y seguirá esto por el fracaso del tamaño del país en el cual estamos viviendo: en la prueba de 2025, México se ubicó en materia educativa en el lugar 64 de 91 países participantes.
En corto:
#El 50% de los alumnos evaluados no comprenden lo que leen. En resolución de problemas computacionales, la OCDE pide mínimo un puntaje de 500 espacios. Los alumnos del país obtuvieron un raquítico 453 unidades. ¿China? 597 puntos. Y AMLO la Sehin dicen que somos del “primer mundo.” Ajá.
#Educación. Todo es cuestión de educación, valores, criterios, doctrinas; eso llamado cultura en general. Usted lo sabe, cultura no es ir a un museo y admirar los polvosos calzones de don Venustiano Carranza o la mítica levita ajada de Benito Juárez. Tener cultura o presumir de ser culto, no es asistir a un buen concierto de ópera (ya no hay). Tener cultura no es leer puntillosamente al divino ciego Homero y anotarlo hasta el hartazgo. Aunque, todo lo anterior sí lo es, también lo es. No hay contradicción de por medio en lo antes escrito.
#La cultura y la educación se aprenden en los primeros años de vida del niño.
Lo anterior lo definió Julia Kristeva en “Infancia es destino”, un libro extraordinario hoy en el polvo del olvido de maestros y alumnos afásicos. La ignorancia al parecer, se pega por ósmosis. Ya luego lo retomó el filósofo Fernando Savater en “El valor de educar.”



