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Dinevenator robustus: el cazador de los Diné que revela una inesperada diversidad de troodóntidos

El Ahuizote
El Ahuizote
septiembre 28, 2026

Héctor Rivera Sylva

Hace aproximadamente 74 millones de años, el territorio que hoy ocupa Nuevo México formaba parte de Laramidia, una gran masa continental situada al oeste de un enorme mar que dividía Norteamérica. Allí se extendían llanuras atravesadas por ríos y cubiertas por bosques, donde convivían dinosaurios con cuernos, hadrosaurios, grandes depredadores y pequeños terópodos emplumados.

Entre estos últimos se encontraban los troodóntidos, dinosaurios carnívoros estrechamente relacionados con las aves. Generalmente eran animales relativamente pequeños y ligeros, provistos de patas largas, dientes numerosos y cerebros proporcionalmente grandes. Sin embargo, algunos representantes norteamericanos siguieron un camino diferente y desarrollaron cráneos sorprendentemente gruesos y robustos.

En un estudio publicado en la revista Fossil Studies, paleontólogos estadounidenses reexaminaron un fósil encontrado en la cuenca de San Juan, en el noroeste de Nuevo México. El ejemplar consiste únicamente en un frontal izquierdo, uno de los huesos que formaban la parte superior del cráneo. Aunque pueda parecer poco material para identificar un dinosaurio, su anatomía conserva características suficientemente particulares para contar una historia mucho más compleja.

El fósil había sido descrito originalmente como una nueva especie de Saurornitholestes, un pequeño dromeosáurido emparentado con Velociraptor, recibiendo el nombre de Saurornitholestes robustus. Estudios posteriores demostraron que aquella identificación era incorrecta y que el hueso pertenecía en realidad a un troodóntido.

Las diferencias con otros miembros del grupo son suficientes para reconocer un género propio: Dinevenator robustus. El nombre Dinevenator combina Diné, nombre con el que se identifica el pueblo de la Nación Navajo, con el término latino venator, que significa “cazador”. Su nombre puede interpretarse, por tanto, como “el cazador de los Diné”, reconociendo a los habitantes originarios de la región donde fueron encontrados sus restos. El nombre, robustus, conserva la denominación otorgada originalmente al fósil y hace referencia precisamente a la extraordinaria robustez de su cráneo.

Su característica más llamativa era precisamente la robustez del cráneo. El hueso frontal era considerablemente grueso y se hacía todavía más espeso hacia la parte posterior. Además, la superficie superior del cráneo era relativamente plana y carecía de algunas de las depresiones y crestas presentes en otros troodóntidos.

Los análisis evolutivos lo sitúan dentro de un pequeño grupo de troodóntidos norteamericanos caracterizados precisamente por poseer cráneos robustos. Entre sus parientes se encuentran Albertavenator curriei, descubierto en Canadá, y Xenovenator espinosai, procedente de Coahuila, México. Dinevenator parece ocupar la posición más primitiva dentro de este grupo, mientras que Albertavenator y Xenovenator aparecen más estrechamente relacionados entre sí.

Esto revela que los troodóntidos de cráneo grueso no fueron una rareza aislada. Constituyeron un verdadero linaje que logró distribuirse por diferentes regiones de Norteamérica durante los últimos millones de años del Cretácico.

También demuestra que, pese a encontrarse relativamente cerca, las faunas de dinosaurios del norte de México y del sur de Estados Unidos poseían especies propias. Dinevenator incrementa así la diversidad conocida de dinosaurios carnívoros de Nuevo México y refuerza la idea de que diferentes regiones de Laramidia podían albergar comunidades particulares.

Todavía resulta difícil saber para qué servía un cráneo tan robusto. No existen evidencias suficientes para afirmar que estos animales utilizaran la cabeza para golpearse entre sí, y cualquier interpretación de ese tipo sería especulativa. Por ahora, su importancia reside precisamente en mostrarnos una anatomía que se aparta del modelo clásico de los pequeños y delicados troodóntidos.

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