Héctor Rivera Sylva
Hace aproximadamente 76 millones de años, el oeste de Norteamérica era una enorme isla conocida por los paleontólogos como Laramidia. Separada del resto del continente por un inmenso mar interior, esta tierra estaba cubierta por bosques, ríos y llanuras donde prosperaban algunos de los dinosaurios más espectaculares del Cretácico.
Entre ellos destacaban los hadrosaurios, también conocidos como dinosaurios de pico de pato. Muchos de estos animales desarrollaron llamativas crestas óseas sobre la cabeza, estructuras que probablemente utilizaban para producir sonidos, reconocer a otros individuos o realizar exhibiciones durante el cortejo.
El más famoso de todos es, sin duda, Parasaurolophus, cuya larga cresta tubular se ha convertido en uno de los símbolos de la paleontología. Sin embargo, el origen de esa extraordinaria estructura sigue siendo uno de los grandes interrogantes sobre la evolución de estos dinosaurios.
Ahora, un descubrimiento realizado en Canadá aporta una pieza clave para resolver ese misterio. En un estudio publicado en la revista Canadian Journal of Earth Sciences, paleontólogos canadienses describieron una nueva especie de hadrosaurio llamada Plesiolophus warnerensis, cuyos restos fueron encontrados en la Formación Oldman, en la provincia de Alberta.
El nombre del nuevo dinosaurio resume perfectamente su posición evolutiva. Plesiolophus combina las palabras griegas “plesion”, que significa “cercano”, y “lophos”, que significa “cresta”. Así, el nombre puede traducirse como “el de la cresta cercana”, una referencia a su estrecha relación con Parasaurolophus, aunque conservando una anatomía más primitiva. Por su parte, el nombre de la especie, warnerensis, honra a la localidad de Warner, en Alberta, donde fueron encontrados los restos.
El fósil consiste principalmente en parte del techo del cráneo y la caja craneana. Aunque pueda parecer un hallazgo limitado, estas estructuras contienen una enorme cantidad de información sobre la evolución de los hadrosaurios con cresta.
Hasta ahora, los fósiles bien conservados de este grupo procedían principalmente de capas geológicas ligeramente más recientes. El nuevo ejemplar representa el registro más antiguo conocido de un pariente cercano de Parasaurolophus que conserva esta parte del cráneo.
Gracias a ello, los investigadores pudieron estudiar cómo comenzaron a evolucionar las complejas crestas que más tarde alcanzarían formas tan espectaculares.
El análisis reveló que Plesiolophus ya compartía varias características propias del linaje de Parasaurolophus, pero al mismo tiempo conservaba rasgos más primitivos que habían desaparecido en sus descendientes. Convirtiéndolo en una especie de eslabón evolutivo entre los hadrosaurios más antiguos y los famosos dinosaurios de largas crestas tubulares.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio tiene que ver con el crecimiento del cráneo. Algunas características observadas en Plesiolophus recuerdan sorprendentemente a ejemplares juveniles de Parasaurolophus.
Los investigadores consideran que esto podría representar un caso de heterocronía, un fenómeno evolutivo en el que pequeños cambios en el ritmo o el momento del desarrollo producen importantes transformaciones anatómicas a lo largo de la evolución.
En otras palabras, las enormes crestas de Parasaurolophus pudieron surgir gracias a modificaciones en la manera en que el cráneo crecía durante la vida del animal. Y aunque su cresta aún no había alcanzado las impresionantes dimensiones de sus famosos descendientes, ya anunciaba una de las innovaciones evolutivas más extraordinarias del mundo de los dinosaurios.



