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Opinión, Plumas

100 años de “El Castillo”

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
mayo 25, 2026

Los escritores somos atormentados. En todo. En materia económica, en materia sexual, en lo social, plano personal, cosa familiar. Sencillo y rápido: la vida no se nos da. La vida real no se nos da. Usted lo sabe si me ha leído: su servidor padece varias aflicciones: he estado atiriciado toda la vida, soy alcohólico (no es un orgullo serlo, queda claro y lo tengo controlado, según yo), muchas ocasiones he sido un tipo pendenciero porque me creo la última Coca-Cola del desierto, soy soberbio no pocas veces… En fin, estas no son enfermedades según yo, sino aflicciones y huellas de vida.

Por estos días de violencia sin fin sobre México y casi toda la tierra, releo todo lo que tengo de Franz Kafka (1883-1924), uno de los escritores más angustiados en la historia de la humanidad y vaya los cuales los ha habido por puños. Murió joven, muy joven, a los 40 años de edad preso de una tuberculosis perniciosa y letal. ¿40 años son muchos o pocos? Para los genios como Kafka, son suficientes para dejar una obra portentosa y pasar a la historia.

Trato de releer todo lo que tengo de Kafka, pero ya di cuenta en especial de “El Castillo”, novela la cual se publicó póstumamente (como casi toda su obra) y usted lo sabe, una novela la cual no tiene final. Es decir, era un trabajo en progreso, nunca le dio el punto final. Queda en puntos suspensivos. Tal vez eso fue mejor aún. 

Y cosa curiosa, por decir lo menos. Franz Kafka (1883-1924), murió de enfermedad natural, voy de acuerdo, pero fue uno de los hombres más afligidos los cuales han existido. Padeció insomnio, estaba deprimido, abominaba de los humanos, la religión fue un problema en su vida, su vida sexual fue un galimatías y sobre todo, su padre (la figura de poder tutelar por antonomasia) fue su gran y eterno escollo y montaña la cual no pudo superar en vida, pero si en la eternidad.

Y justo de 40 años también, murió (se suicidó) uno de mis poetas, uno de mis ángeles tutelares de toda la vida: José Antonio Ramos Sucre (1890-1930). J.A. Ramos Sucre, venezolano él. Tenía 40 años cuando se suicidó. Padeció insomnio casi toda su vida y los biógrafos y la leyenda dicen: los últimos 9 años de su vida estuvo despierto. Mejor se suicidó, no sin antes haber batallado harto para ello. Para lograr su objetivo.

José Antonio Ramos Sucre y Franz Kafka, dos vidas al límite las cuales forman parte de mis letras, mis ojos y mi existencia. Los dos poetas (etimológicamente, creadores), los dos atormentados, los dos suicidas a su modo. 

En Corto:

# Se cumplen 100 años de la primera edición de “El Castillo.” Novela existencial (si es necesario ponerle alguna etiqueta), donde se desarrollan y terminan cuajando todos los temas del checo el cual los escribió en alemán: la alineación, los sótanos burocráticos, la opresión y poder omnímodo de las autoridades, la angustia y culpa existencial; el amor o el sexo siempre a medio hacer o a medio terminar…

#Lo siguiente y a vuela pluma es un pálido fragmento de las palabras de la posadera donde le recomienda al personaje principal, K, de cómo llegar ante un personaje principal de “El Castillo”, el señor Klamm, al cual nadie ha visto, pero ejerce un poder brutal en la vida de los habitantes del pueblo a las faldas de dicho castillo: “… le advierto de que el único camino que conduce a Klamm pasa por las actas del señor secretario. Pero no quiero exagerar, quizás el camino no conduzca a Klamm, quizá se interrumpa antes de llegar a él, sobre eso decide el secretario según su arbitrio…”

#¿Le suena lo anterior con el burocratismo inoperante y elefantiásico en México? ¿Actas, secretario, jefes inalcanzables, diputados millonarios, fiestas y bacanales cuando presumen “austeridad republicana”? Leer todo Franz Kafka es tarea inmediata… 

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