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La Entrevista

“El Güero”: Una vida de trabajo, familia y tradición en la calle Rayón

El Ahuizote
El Ahuizote
agosto 11, 2025

Don Héctor Cortez Fuentes, gracias por recibirnos. Para comenzar, platíquenos un poco sobre cómo nació este negocio tan querido aquí en la esquina de Rayón y Presidente Cárdenas.

Gracias a ustedes por tomarse el tiempo. Pues mire, este negocio empezó hace ya 52 años. Yo tenía cinco años cuando comencé a ayudar a mi mamá. Mi papá no estaba con nosotros, y ella sacaba adelante a seis hijos como podía. Éramos tres hombres y tres mujeres. Yo soy cuate con uno de mis hermanos, y teníamos otro hermano mayor.

¿Desde niños ya trabajaban en la calle?

Sí, desde muy chicos. Aquí bajábamos carros, vendíamos paletas y periódicos. Todo el día nos la pasábamos en la calle, desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde. No parábamos. Era lo que había que hacer para ayudar a la casa.

¿Y cómo era la colonia en ese entonces?

Muy diferente a lo que es ahora. Esta calle era lo último. Más abajo ya no había nada, puro monte. Solo pasaba el tren. Por allá estaba el Tecnológico, pero todo lo demás eran terrenos. No había tanto movimiento, pero poco a poco fue creciendo. Ahora es otra historia.

¿Y usted estudió?

No, la verdad no estudiamos. Mi mamá siempre nos dio la oportunidad, había con qué, pero no quisimos. Nos jaló más el trabajo, ayudar en lo que se pudiera. Y pues aquí nos quedamos.

¿Y en qué momento nace la idea de vender gorditas?

Cuando yo tenía 17 años. Mi mamá ya no quería seguir con el ritmo. Antes hacíamos las gorditas en la casa y las veníamos a vender aquí, en un pequeño estanquillo. Entonces me quedé yo. Más adelante me fui a trabajar fuera como unos diez años. Fui supervisor en Kellogg’s, anduve en tiendas, después puse un negocio con mi esposa… pero mucha competencia y mucha envidia. Así que decidimos regresar al negocio de las gorditas.

¿Y desde entonces no se ha movido de aquí?

No, aquí seguimos, con la bendición de Dios. Ya van más de cinco décadas en este mismo punto.

¿Aquí conoció a su esposa?

No, a ella la conocí en Las Fuentes. Ella trabajaba allá y ahí nos hicimos novios. Llevamos 32 años de casados y trabajando juntos.

¿Don Héctor tienen hijos?

Sí, tres. El del medio es el que más se involucra en el negocio. Él ya sabe hacer gorditas, conoce bien todo. Cuando no estoy yo, él atiende. Desde chico ha estado aquí, y pues ya le agarró cariño también.

¿Qué les ha dejado este negocio como familia?

Mucho. Nos ha enseñado a trabajar, a ser constantes. A no rendirnos. Este negocio nos dio de comer, ayudó a que nuestros hijos crecieran bien. Ninguno se desvió. Llegaron hasta la prepa, y eso ya es algo. A veces uno como padre quisiera más, pero lo importante es que no andan en malos pasos. Estamos unidos, y eso vale más que cualquier otra cosa.

¿Cuál ha sido el momento más difícil que recuerda?

Las temporadas de frío son duras, cuando hiela o cae nieve. Pero, aun así, no cerramos. Llueva, truene o relampaguee, aquí estamos. Pero lo más difícil fue hace poco, cuando se vino la lluvia fuerte y se llevó todo el estanquillo. Fue un golpe duro. Mi nieto, que siempre ha estado con nosotros aquí, lloró. Sentía que perdía parte de su vida, porque este lugar también es suyo.

¿Estaban aquí cuando ocurrió?

No, gracias a Dios no. Fue en domingo, y ese día no abrimos. Eso fue lo bueno, porque si no, quién sabe. Pero todo se fue con el agua: utensilios, gas, mesas… todo. Lo único que quedó fueron dos escapularios que teníamos desde hace años. Los rescatamos con la mano. Para mí fue una señal.

¿Y el municipio cómo respondió ante esta situación?

Muy bien. El presidente municipal sí nos ha apoyado. Aunque yo conseguí un nuevo estanquillo, ellos se ofrecieron a soldarlo, pintarlo y dejarlo listo. Me dijeron que en unos dias ya estaría instalado. Eso nos da esperanza. También mucha gente se acercó, algunos con dinero, otros con utensilios. Hasta un cilindro de gas nos regalaron, completo con manguera y todo. Esos detalles no se olvidan.

¿A qué hora comienzan ustedes su día?

A las 5 de la mañana ya estamos levantados. A las 8 ya estamos en el punto. Las gorditas de maíz se hacen aquí mismo, al instante. Mi esposa trabaja conmigo todos los días, de la mano. Hasta la 1:30 de la tarde estamos aquí. Lunes a sábado, sin falta. Solo los domingos descansamos.

¿Qué nombre tiene el puesto?

Todos nos conocen como «El Güero». Así se quedó. Aunque no me vean, preguntan por mí: «¿Y el Güero?», «¿Por qué no vino?». Así que el nuevo estanquillo también se va a llamar así. Ya es parte de la historia.

¿Han venido figuras públicas, políticos o artistas?

Pues sí han venido reporteros, mucha gente conocida, pero la verdad no me fijo mucho. No soy de saber nombres. Lo que sí le puedo decir es que quienes vienen, regresan. Eso quiere decir que las gorditas están buenas.

¿Cuántas gorditas llegan a vender al día?

Ahorita andamos vendiendo unas 100 de harina y entre 60 y 80 de maíz. Hay días más flojos y otros que se acaba todo. Pero tenemos nuestra clientela fiel. Si un día no venimos, nos llaman para saber qué pasó.

¿Qué mensaje le da a todos esos clientes y amigos que lo han acompañado a lo largo de estos años?

Que muchísimas gracias. Sin ellos, este negocio no existiría. A todos los que me han apoyado, desde los que nos compran diario hasta los que se han acercado a ayudar sin pedir nada a cambio, les agradezco de corazón. Aquí seguimos, al pie del cañón. Y pronto vamos a hacer la reinauguración del nuevo estanquillo. Vamos a regalar gorditas ese día. Para celebrar que seguimos vivos, trabajando, unidos como familia.

Don Héctor, gracias por compartir su historia. Sin duda es un ejemplo de esfuerzo, tradición y amor por lo que se hace. Nos vemos pronto para la reinauguración.

Claro que sí. Ya tienen el número, les aviso. Y aquí los esperamos con gorditas de maíz o de harina… ¡las que gusten!

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