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La Entrevista

Dos caminos, una misma tradición: las cabalgatas que llevan a Sabinas de regreso a sus raíces

El Ahuizote
El Ahuizote
septiembre 21, 2026

Cada septiembre, Sabinas cambia de ritmo. Antes de que aparezcan las primeras luces del día, el sonido de las espuelas, los relinchos y el movimiento de las carretas anuncian que una de las tradiciones más arraigadas de la Región Carbonífera está por comenzar.

Durante las Fiestas Grandes, miles de jinetes, familias y visitantes llegan a esta ciudad para participar en una celebración que tiene algo más que fiesta: tiene memoria. Y es que en Sabinas existen dos grandes tradiciones cabalgantes, diferentes en su origen y propósito, pero unidas por una misma historia y por el orgullo de pertenecer a esta tierra.

Una de ellas es la Cabalgata Santo Domingo-Sabinas, que nació en 1992 con la intención de recrear la ruta de los primeros colonizadores de la Villa de Sabinas. La otra es la Gran Cabalgata de Sabinas, convertida con el paso de los años en uno de los grandes encuentros ecuestres y familiares de septiembre.

La historia que une a ambas se remonta a finales del siglo XIX.

El 30 de octubre de 1878, el coronel Crescencio Farías solicitó al Gobierno de Coahuila nueve sitios de ganado mayor y aprovechamientos del río Sabinas. La petición fue autorizada el 26 de diciembre de ese mismo año y, algunos años después, comenzó la aventura de quienes buscaron nuevas tierras para establecerse.

En 1883, los primeros colonizadores partieron desde Ramos Arizpe con carretas, caballos y mulas. Después de recorrer cientos de kilómetros por el desierto, llegaron el 29 de junio a las orillas del río Sabinas, donde comenzaron a construir la comunidad que con el tiempo se convertiría en la ciudad que hoy conocemos.

Más de un siglo después, un grupo de sabinenses decidió volver sobre aquellas huellas.

En 1992, alrededor de ocho jinetes emprendieron la ruta desde Santo Domingo para recrear el recorrido de los fundadores. Fueron cerca de 320 kilómetros atravesando el semidesierto durante siete jornadas. Lo que comenzó como un homenaje terminó convirtiéndose en una tradición anual.

Desde entonces, la ruta se ha convertido también en una prueba de resistencia y convivencia. Las jornadas comienzan antes del amanecer, cuando todavía reina la oscuridad y los participantes preparan sus caballos. Después vienen horas de camino bajo temperaturas que pueden superar los 35 o 40 grados a la sombra, campamentos, comidas, descanso y largas conversaciones alrededor de las fogatas.

El recorrido atraviesa lugares cargados de historia. De Santo Domingo se avanza hacia Paredón y posteriormente a Espinazo, en Nuevo León, para continuar por El Marqués, Monclova, Hermanas y Pirineos hasta llegar finalmente a Sabinas.

En el trayecto aparecen viejas estaciones ferroviarias, pueblos prácticamente despoblados, caminos utilizados durante generaciones y sitios vinculados con episodios de la historia nacional. En Baján, por ejemplo, permanece el recuerdo del episodio en que Miguel Hidalgo y Costilla fue aprehendido mientras intentaba avanzar hacia el norte.

La naturaleza también forma parte de la experiencia. Huizaches, palmas y cactáceas acompañan a los jinetes, mientras conejos, liebres, coyotes, armadillos y, ocasionalmente, alguna serpiente de cascabel forman parte del paisaje.

Al llegar a Sabinas, la travesía adquiere un significado especial. El río y los sabinos —los árboles que dieron nombre a la ciudad— reciben a los participantes después de siete días de camino. Ahí concluye una ruta que busca recordar que, mucho antes de que existieran carreteras y vehículos, llegar hasta estas tierras significaba desafiar al desierto a caballo y en carreta.

Pero la historia ecuestre de Sabinas no termina ahí.

La Gran Cabalgata de Sabinas tiene una historia propia. Su antecedente se remonta a 1967, cuando alrededor de 50 jinetes de Múzquiz y Sabinas participaron en una cabalgata durante las celebraciones de aquel año. Décadas después, la idea tomó nueva fuerza.

El doctor Antonio Moreno González impulsó a principios de los años noventa una celebración inspirada, entre otras experiencias, en las tradiciones ecuestres que conoció durante su estancia en España. En 1991 se realizó una primera etapa de lo que posteriormente sería la Gran Cabalgata, con salida del Rancho San José y llegada a las instalaciones de la entonces Feriexpo.

La participación comenzó a crecer rápidamente. Contingentes de Múzquiz y otros municipios se sumaron y, en 1992, el recorrido de los colonizadores se incorporó como parte de esta nueva etapa de la tradición cabalgante.

Para 1993, la participación prácticamente se había multiplicado y el evento comenzó a ganar proyección fuera de la región. La presencia de personalidades, artistas y medios de comunicación ayudó a convertirlo en un acontecimiento cada vez más conocido.

Con los años, la Gran Cabalgata dejó de ser únicamente un recorrido a caballo para convertirse en una gran celebración de identidad regional. En 2010 se creó el Comité Pro Cabalgata, independiente del patronato de la Feriexpo, y comenzó también la entrega del reconocimiento “Riendas de la Cabalgata”.

En 2026, la organización identificó la celebración como su 37ª edición, con contingentes provenientes de distintos municipios y estados. Miles de personas participaron a caballo, en carretas y vehículos alegóricos, convirtiendo las principales calles de Sabinas en un enorme desfile de tradición norteña.

Y es precisamente ahí donde las dos historias terminan encontrándose.

La Cabalgata Santo Domingo-Sabinas representa el viaje de quienes fundaron la comunidad; la Gran Cabalgata representa la manera en que las generaciones actuales celebran y mantienen viva esa identidad. Son recorridos distintos, con orígenes diferentes, pero durante septiembre forman parte de una misma celebración.

Las Fiestas Grandes también tienen un impacto que va más allá de lo cultural. Hoteles, restaurantes, gasolineras, comercios, tiendas de ropa vaquera y establecimientos de servicios reciben a visitantes durante estos días.

En la edición 2026, el gobernador Manolo Jiménez Salinas participó en la Gran Cabalgata y destacó la magnitud del encuentro, así como la presencia de familias y jinetes de diferentes regiones. También señaló que este tipo de eventos contribuyen a fortalecer la actividad turística y económica de Coahuila.

Después de más de tres décadas, las cabalgatas siguen haciendo algo que ninguna carretera moderna puede sustituir: obligar a mirar hacia atrás para entender de dónde viene una ciudad.

Cada jinete que atraviesa el desierto, cada carreta que entra a Sabinas y cada caballo que pisa sus calles forma parte de una historia que comenzó mucho antes de las grandes celebraciones.

Porque en Sabinas la historia no solamente se cuenta. Se cabalga.

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