Rusia y Ucrania volvieron a atacar objetivos relacionados con el sector energético, apenas unas horas después de que Donald Trump asegurara que ambos gobiernos habían acordado detener este tipo de ofensivas.
Durante la madrugada, Rusia lanzó alrededor de 200 drones contra Kiev y otras zonas de Ucrania. Los ataques provocaron la muerte de al menos dos personas y causaron daños en varias instalaciones, entre ellas estaciones de servicio de la capital y áreas portuarias.
La ofensiva rusa ocurrió mientras Ucrania mantenía su campaña contra infraestructura energética de Rusia. Autoridades ucranianas confirmaron ataques contra una refinería de petróleo en Syzran, en la región de Samara, además de instalaciones vinculadas con la producción de drones.
El intercambio de ataques contradice, al menos por ahora, el anuncio realizado por Trump, quien afirmó que Moscú y Kiev habían aceptado suspender los ataques contra las instalaciones energéticas del otro país. Sin embargo, el Kremlin habló de una propuesta estadounidense y no confirmó que exista una tregua plenamente establecida.
Zelenski, por su parte, aseguró que Ucrania está dispuesta a detener sus ataques contra infraestructura energética rusa, pero condicionó la medida a que Moscú haga lo mismo. El gobierno ucraniano también busca garantías de Estados Unidos que permitan verificar el cumplimiento de cualquier eventual acuerdo.
La tensión también alcanzó a otros países europeos. Polonia activó operaciones de aviación militar como medida preventiva durante los ataques rusos contra Ucrania, aunque posteriormente informó que no se registró una violación de su espacio aéreo. En Lituania, un caza de la OTAN derribó un dron cuyo origen no fue determinado inicialmente.
Los ataques contra refinerías y otras instalaciones energéticas se han convertido en un componente relevante de la guerra entre Rusia y Ucrania. Mientras Moscú continúa golpeando infraestructura ucraniana, Kiev ha intensificado sus ataques de largo alcance contra refinerías rusas, en un momento en que la disputa también genera preocupación por el suministro y los precios internacionales de los combustibles.



