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Editorial

MEJORA

El Ahuizote
El Ahuizote
agosto 24, 2026

En política social existe una diferencia enorme entre anunciar programas y construir una política pública. Lo primero puede resolverse con presupuesto, una conferencia de prensa y una lista de beneficios. Lo segundo requiere tiempo, estructura, coordinación, conocimiento del territorio y, sobre todo, la capacidad de transformar una idea de gobierno en algo que la gente pueda identificar en su vida cotidiana. Esa diferencia ayuda a entender lo que ha ocurrido en Coahuila con Mejora.

La estrategia no apareció de la nada. Surgió en 2022 y comenzó a tomar forma cuando Manolo Jiménez encabezó la secretaria de Inclusión y Desarrollo Social del estado. Desde entonces existía una idea relativamente sencilla, pero políticamente importante, concentrar esfuerzos que normalmente operan de manera dispersa y acercarlos a las familias a través de una estructura territorial capaz de identificar necesidades y conectar a la población con las distintas áreas del gobierno.

Al convertirse en gobernador, Manolo Jiménez decidió llevar aquella experiencia de gobierno a otra escala. No se diseñó como un programa aislado dentro de una secretaría ni como una política limitada exclusivamente a la entrega de apoyos. Se convirtió en una estrategia transversal que reúne acciones de salud, educación, vivienda, economía familiar, infraestructura social, inclusión, campo, medio ambiente y servicios públicos. En términos administrativos, eso significa obligar a dependencias que habitualmente trabajan por separado a compartir objetivos, territorio y población.

La idea de fondo también resulta clara, el gobierno tiene la responsabilidad de generar condiciones para que las personas puedan mejorar su calidad de vida.

Esa distinción es importante porque durante décadas la política social mexicana ha oscilado entre dos extremos. Por un lado, programas diseñados desde oficinas centrales que pocas veces entienden las diferencias entre comunidades. Por el otro, modelos asistencialistas donde la relación entre gobierno y beneficiario termina reducida a la entrega periódica de un apoyo.

Mejora intenta colocarse en un punto distinto. Parte de apoyos directos, sí, pero los combina con obras, servicios, atención médica, educación, acceso a materiales, regularización patrimonial, oportunidades económicas y acciones destinadas a resolver necesidades concretas de colonias, barrios y comunidades rurales. Eso cambia la naturaleza de la política social.

Una familia puede necesitar apoyo alimentario, pero también pavimentación en su calle. Puede requerir atención médica, pero al mismo tiempo tener un problema de escrituración. Una mujer puede necesitar capacitación para incorporarse a una actividad económica mientras que otra requiere condiciones para continuar estudiando. En una comunidad rural el problema puede ser agua; en una colonia urbana puede ser drenaje, iluminación o acceso a determinados servicios.

Las necesidades básicas y la vulnerabilidad nunca son fenómenos de una sola dimensión. Por eso una política social verdaderamente útil tampoco debería serlo.

La decisión de estructurar Mejora alrededor de distintos ejes permitió precisamente ampliar esa visión. El programa dejó de ser identificado únicamente con un determinado apoyo para convertirse en una especie de plataforma mediante la cual diferentes áreas del Gobierno del Estado llegan al mismo territorio. Y ahí aparece otro elemento que merece reconocimiento, la operación.

Los gobiernos suelen enamorarse de sus diseños. Elaboran programas técnicamente correctos que después fracasan al momento de llegar a la calle. Entre el escritorio donde se diseña una política pública y la colonia donde debería funcionar existe una distancia que muchas administraciones nunca consiguen superar. Mejora logró construir un componente territorial reconocible.

El personal en campo, las brigadas, las jornadas, los llamados mercaditos y la presencia permanente en colonias y ejidos fueron generando una identidad propia. El chaleco verde terminó convirtiéndose en un elemento reconocible, pero detrás del símbolo existe algo bastante más relevante, una red humana encargada de mantener contacto con las comunidades.

Ese proceso ha tenido durante buena parte de la administración una conducción particularmente importante en Gabriel Elizondo. Él ha sido el encargado de su transformación operativa. 

Al frente de Mejora, Gabriel Elizondo asumió precisamente esa tarea. Le correspondió ordenar equipos, construir presencia regional, coordinar dependencias y mantener una lógica de trabajo permanente en los municipios. Bajo su conducción, la estrategia fue ganando amplitud y una capacidad de operación que permitió que programas muy distintos comenzaran a reconocerse como parte de un mismo esfuerzo.

Cada secretaría posee sus propios programas, estructuras, prioridades, calendarios y presupuestos. Lograr que todas funcionen dentro de una estrategia común requiere algo más que un decreto administrativo. Exige negociación interna, seguimiento, coordinación con alcaldes y capacidad para mantener una presencia. Ése fue uno de los desafíos centrales de Mejora. Y también uno de sus resultados más visibles.

Mejora ha logrado mantener presencia en todas las regiones y construir una red que conecta al Gobierno del Estado con autoridades municipales, organizaciones sociales, empresas y comunidades. El modelo parte de una premisa que parece elemental pero que en la administración pública suele ser extraordinariamente complicada, si distintas instituciones trabajan sobre los mismos problemas, tiene poco sentido que lo hagan completamente separadas.

Manolo Jiménez ha insistido durante su administración en una lógica de colaboración entre gobierno, municipios, iniciativa privada y sociedad civil. Mejora probablemente sea el espacio donde esa filosofía se observa de manera más clara, porque buena parte de sus acciones necesitan precisamente de esa coordinación para funcionar.

El mayor éxito de un programa social debería consistir en que sus beneficiarios dejen de necesitarlo. Si una familia recibe apoyo para mejorar su vivienda, acceder a servicios básicos, terminar estudios, conseguir empleo o iniciar una actividad productiva, la política pública cumplió su función cuando esas herramientas generaron mejores condiciones permanentes. El asistencialismo administra necesidades. El desarrollo social debería resolverlas o, cuando menos, reducirlas.

Mejora tiene elementos para caminar hacia esa dirección precisamente porque no se limita a un solo tipo de intervención.

La combinación entre infraestructura, educación, salud, economía familiar y desarrollo comunitario permite atender problemas desde diferentes frentes. Es mucho más probable que una familia transforme sus condiciones cuando recibe oportunidades integrales que cuando únicamente obtiene un beneficio aislado.

Mejora debe seguir consolidándose como política del Gobierno del Estado, no como un programa aislado. Gobernar también significa obtener legitimidad a partir de resultados. El cambio reciente en la coordinación del programa abre precisamente una nueva etapa.

Jorge Piñones recibe una estructura ya consolidada y con presencia territorial. Su desafío será distinto al que enfrentó Gabriel Elizondo. Ya no necesita construir desde cero la identidad de Mejora ni demostrar que la estrategia puede funcionar. Le corresponde fortalecerla, corregir deficiencias, mejorar mecanismos de evaluación y conservar aquello que permitió que el programa alcanzara el nivel de operación que hoy tiene.

Para Manolo Jiménez, además, la estrategia ocupa un lugar central dentro de su proyecto de gobierno. No sólo porque nació de una visión que comenzó a desarrollar antes de llegar a la gubernatura, sino porque sintetiza buena parte de su forma de hacer gobierno, presencia territorial, contacto permanente, construcción de alianzas y atención directa a problemas cotidianos.

Existe una tendencia natural en los gobiernos a concentrarse en las grandes obras y los indicadores macroeconómicos. Son indispensables. La inversión, el empleo, la infraestructura estratégica y la seguridad determinan buena parte del desarrollo de un estado. Pero la calidad de vida también se construye.

Para una familia puede ser más importante tener escrituras de su casa que conocer un indicador económico. Para una comunidad puede resultar más urgente resolver un problema de agua que escuchar anuncios sobre inversiones futuras. Para un estudiante puede cambiar su vida contar con transporte o una beca. Para una persona mayor, tener acceso cercano a servicios médicos puede significar mucho más que cualquier discurso gubernamental.

La política social ocurre precisamente ahí. En los problemas que parecen pequeños desde una oficina, pero que son enormes para quien los vive todos los días.

Mejora ha conseguido desarrollar una estructura para acercarse a esa realidad. Su reto ahora es profundizarla. No basta con conservar los programas existentes. La estrategia debe tener capacidad para evolucionar conforme cambian las necesidades de Coahuila. Las condiciones económicas se modifican, las ciudades crecen, aparecen nuevos problemas sociales y las prioridades de una familia no son necesariamente las mismas después de varios años.

Mejora nació como una forma de coordinar programas. Creció como una estructura territorial. Ahora puede consolidarse como un modelo permanente de intervención social basado en información, coordinación y resultados.

El mérito político corresponde a Manolo Jiménez, quien concibió la estrategia y decidió convertirla en uno de los ejes de su gobierno. El mérito de una parte importante de su construcción operativa corresponde a Gabriel Elizondo, quien asumió la responsabilidad de transformar aquella idea en una estructura reconocible, amplia y funcional.

Mejora ha conseguido algo que pocas estrategias gubernamentales alcanzan, dejar de ser el programa insignia de una administración para convertirse en una política pública reconocible de la actual administración. Porque gobernar cerca no significa solamente estar presente. Significa escuchar, entender, coordinar y resolver.

Y, sobre todo, conseguir que esa cercanía termine transformándose en oportunidades para que cada familia pueda avanzar por sí misma.

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