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Editorial

Coahuila en el Corazón del Tren del Norte

El Ahuizote
El Ahuizote
agosto 4, 2025

Pocas obras públicas despiertan tanto simbolismo como un tren. Porque un tren no solo une ciudades, conecta esperanzas, enlaza regiones, acerca sueños. Y hoy, México está a punto de escribir un nuevo capítulo ferroviario con una visión ambiciosa, moderna y profundamente estratégica, la construcción del tren de pasajeros que unirá Saltillo, Monterrey y Nuevo Laredo, cruzando el corazón industrial y humano del norte del país.

Se trata de una de las apuestas de infraestructura más significativas en años recientes. Con 396 kilómetros de extensión, 11 estaciones proyectadas y una velocidad de hasta 200 km/h, este tren no solo será un sistema de transporte, sino un motor de desarrollo económico, social y regional que marcará el rumbo del noreste mexicano por décadas. Y en ese trazado de futuro, Coahuila no solo es protagonista, es columna vertebral.

En agosto de este 2025, dará inicio la construcción de este nuevo corredor ferroviario, que forma parte del plan federal de reactivación de trenes de pasajeros. Una visión que privilegia la sustentabilidad, la conectividad regional y el acceso equitativo a la movilidad. Bajo la coordinación de la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, encabezada por Andrés Lajous, se han delineado los avances técnicos y el proceso de licitación para dar paso a esta obra transformadora.

El tren Saltillo – Nuevo Laredo incluirá estaciones en lugares clave como García, Monterrey, Escobedo, Bustamante, Lampazos, Anáhuac y Nuevo Laredo. Pero para nosotros, los coahuilenses, el verdadero corazón de este proyecto se encuentra en tres nombres que forman parte de nuestro día a día, Ramos Arizpe, Saltillo y Derramadero. Ahí, en ese eje del sureste del estado, se está cocinando no solo un tramo ferroviario, sino una visión de futuro compartida.

Para que una obra de esta magnitud se materialice, no basta con planos y presupuesto. Se necesita voluntad política, visión territorial y, sobre todo, capacidad de colaboración. En ese sentido, la sintonía que hoy existe entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Manolo Jiménez Salinas es un ejemplo del tipo de diálogo republicano que debe imperar en una nación diversa como la nuestra.

Desde su arranque de gobierno, Claudia Sheinbaum ha dejado en claro su visión federalista. Y en el caso de Coahuila, esta visión encuentra eco en un gobernador que entiende el valor de tender puentes más allá de las trincheras partidistas. Manolo Jiménez ha sido un promotor incansable del desarrollo económico regional, y no ha dudado en sumarse con decisión a los proyectos que benefician a las y los coahuilenses.

La disposición de Manolo para trabajar de la mano con la Federación se refleja en este tren. Su respaldo a la obra no es solo político, es técnico, territorial y estratégico. Porque el tramo coahuilense del tren no es menor. Es, de hecho, una de las zonas industriales más relevantes del norte del país. Desde el clúster automotriz de Ramos Arizpe hasta las instalaciones industriales en Derramadero, pasando por la propia capital del estado, el tren será una palanca de logística, movilidad laboral, turismo, conectividad educativa y, sobre todo, competitividad global.

El tramo local de este tren es mucho más que un simple paso obligado. Es una apuesta por el crecimiento inteligente. La estación de Ramos Arizpe servirá como punto neurálgico para el sector manufacturero y automotriz; Saltillo, con su creciente sector tecnológico y universitario, se convertirá en un nodo de talento y movilidad; y Derramadero, esa joya logística en expansión, verá un nuevo impulso a su vocación multi modal.

Pero más allá del potencial económico, este tren tiene una dimensión profundamente humana. Permitirá a miles de personas trasladarse de manera segura, rápida y accesible. Acortará distancias no solo físicas, sino también sociales. Porque en México, donde muchas veces la infraestructura ha servido para dividir, este proyecto servirá para unir.

El sistema está proyectado para estar compuesto por 47 trenes, con capacidad para hasta 600 pasajeros en su versión acoplada. El servicio tendrá dos modalidades, regional e interurbano. Esta flexibilidad permitirá atender tanto a quienes hacen trayectos cortos y cotidianos, como a quienes se trasladan entre ciudades para trabajar, estudiar o emprender.

Esta es precisamente la diferencia entre un proyecto de movilidad y un modelo de desarrollo, pensar en la gente. Y en ese sentido, tanto la Federación como el gobierno de Coahuila han demostrado que no se trata solo de construir vías, sino de construir futuro.

Coahuila ha demostrado que el trabajo en equipo entre los diferentes órdenes de gobierno no solo es posible, sino deseable. Y el tren Saltillo – Nuevo Laredo es un ejemplo tangible de lo que puede lograrse cuando se alinean la voluntad, la técnica y la visión.

La presidenta Sheinbaum ha reiterado su compromiso con el norte del país, y particularmente con Coahuila. Y Manolo Jiménez, con su estilo directo, práctico y cercano, ha respondido con altura. No con discursos vacíos, sino con planeación, gestión y resultados.

El mensaje es claro. Aquí, en Coahuila no hay improvisaciones. Hay estrategia. Y sobre todo, hay coordinación.

No olvidemos que un tren no es solo una obra de ingeniería. Es también una declaración de principios. Apostar por el tren es apostar por la conectividad sustentable, por el equilibrio entre regiones, por una economía que no dependa solo del transporte carretero, y por un modelo de país que piensa en el largo plazo.

En el caso de Coahuila, esta apuesta significa multiplicar nuestras ventajas logísticas. Significa posicionarnos como un punto clave en el corredor económico más importante del país. Y significa también que nuestras nuevas generaciones tendrán una alternativa moderna, segura y digna para moverse, trabajar y soñar.

No cabe duda, este tren transformará la región. Pero más allá del concreto, las estaciones y los rieles, lo verdaderamente importante es el espíritu de colaboración que lo hace posible. El entendimiento entre la presidencia de la República y el gobierno estatal es, en sí mismo, un gran mensaje. Un mensaje de unidad, de madurez política y de compromiso con las y los ciudadanos.

Saltillo, Ramos Arizpe y Derramadero no serán solo puntos en un mapa ferroviario. Serán parte de una gran historia de progreso que se está escribiendo desde ahora. Y como coahuilenses, no solo debemos celebrarla, debemos asumirla como una oportunidad irrepetible para seguir avanzando, juntos, hacia un futuro con más velocidad, más visión y, sobre todo, más rumbo.

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