La Catrina llegó a Saltillo
con su sombrero elegante,
preguntando por Manolo,
el de «A Pasos de Gigante».
«Vengo a llevarme al gobernador,
que ya lo tengo en mi lista»,
pero al llegar al gran Rodeo
¡se le olvidó la entrevista!
Había música y caballos,
turistas por todo lugar,
y la Flaca, fascinada,
ya no se quería marchar.
«¡Puro Pa’ Delante!», dijo
Manolo, con buen humor;
y la Muerte entre aplausos
le reconoció el valor.
«Mejor regreso otro día,
hoy no te voy a molestar;
con este Rodeo de Saltillo,
¡yo también me quiero quedar!»
Manolo siguió adelante,
sin detener su camino,
y la Catrina entre risas
le deseó buen destino.
«¡A Pasos de Gigante!»,
lo escuchó decir sonriente;
y la Flaca hizo una promesa:
¡volver al Rodeo el año siguiente!
DIEGO RODRÍGUEZ
La Flaca llegó a Gobierno
con su lista preparada,
buscaba a Diego Rodríguez,
con la cita ya agendada.
«Vengo por ti, buen Diego,
que tu hora se presentó».
Él escuchó tranquilamente
y el motivo le preguntó.
La Muerte, desconcertada,
no esperaba tal respuesta;
Diego conocía el tema
y le dio la vuelta a la apuesta.
«No se trata de llevarte,
hay asuntos que atender;
primero pongamos orden,
después veremos qué hacer».
La Flaca cambió el discurso,
pues no pudo convencerlo;
quien conoce bien el terreno
sabe cómo resolverlo.
«Echados Pa’ Delante»,
dijo, con firmeza y decisión;
y la Muerte se fue pensando:
«¡Este sí sabe de comunicación!»
Desde entonces la Catrina
ya no llega sin avisar;
con Diego, hasta para llevárselo,
¡primero tiene que negociar!
GABRIEL ELIZONDO
La Catrina llegó a Coahuila
con una misión pendiente:
llevarse a Gabriel Elizondo,
senador y hombre de frente.
Lo buscó por los municipios,
por la sierra y la región,
pero Gabriel andaba en campo, e
scuchando a la población.
«¡Ya vámonos, Gabrielito,
que se nos acaba el día!».
«Primero dime qué necesitas»,
respondió con cortesía.
La Flaca contó sus penas,
sus pendientes y hasta un reclamo;
Gabriel la escuchó paciente,
como a quien llega buscando una mano.
De colonia en colonia,
la Muerte perdió la cuenta;
él conocía cada camino y
a la gente que lo frecuenta.
«¡Puro jale!», dijo Gabriel,
sin detener su andar;
y la Flaca, ya cansada,
no lo podía alcanzar.
Al llegar al Senado,
la Huesuda quiso insistir:
«¡Mejor me quedo en Coahuila,
que aquí también hay que servir!»
Y cuentan que aquella tarde,
la Flaca cambió de opinión:
«Mejor vuelvo en otra ocasión,
¡que Gabriel tiene mucho jale
y Coahuila es su comisión!»
JAVIER DÍAZ
La Catrina llegó a Saltillo
preguntando por el alcalde:
«Busco a Javier Díaz,¡que
se viene conmigo!», dijo campante.
Le dijeron: «Anda en la ruta,
recorriendo la ciudad;
si lo busca, tome asiento,
¡Aquí Vamos Gratis, de verdad!».
La Flaca subió contenta,
sin pagar ni un centavito,
pero al bajar del camión
Javier ya iba en otro sitio.
«¡Por amor a Saltillo!»,
lo escuchó decir sonriente,
mientras saludaba a todos
y conversaba con la gente.
La Catrina lo encontró
cuando en la alberca nadaba;
quiso alcanzarlo de prisa,
¡pero Javier la aventajaba!
Con sus brazadas olímpicas
se alejó de la Calaca;
ella apenas dio dos pasos
y ya pedía una pausa.
«¡Ni en Saltillo puedo alcanzarte!»,
gritó la Flaca cansada;
«¡Con razón hay tanta seguridad,
si hasta la Muerte anda rezagada!».
Y Javier siguió su camino,
con su sonrisa habitual;
la Catrina tomó el transporte
y se fue a recorrer la capital.
MIGUEL RIQUELME
La Catrina llegó a Torreón
con un asunto pendiente,
buscaba a Miguel Riquelme,
el alcalde respaldado por la gente.
«Vengo por ti, Miguel,
ya te toca descansar».
Pero él respondió tranquilo:
«¿Qué problema hay que arreglar?».
La Flaca quedó sorprendida,
no esperaba tal reacción;
llegó buscando un difunto
y terminó en una reunión.
«Primero vamos por partes,
cuéntame qué sucedió;
si hay un asunto que atender,
¡hay que ver cómo se resolvió!».
La Muerte sacó su lista,
con pendientes por montón;
Miguel revisó cada caso
y le entró a la situación.
La Flaca sacó su lista,
pero Miguel la orientó:
«Si quiere conocer Torreón,
yo le muestro lo mejor».
«¡Vamos Seguros!», dijo,
con orgullo y decisión;
y la Muerte quedó encantada
conociendo cada rincón.
La Catrina se fue contenta,
sin lograr su cometido:
«¡Volveré por otro alcalde,
que Miguel no se ha rendido!».
LUZ ELENA MORALES
La Catrina llegó al Congreso
con una petición especial,
buscaba a Luz Elena Morales,
la presidenta del lugar.
«Vengo por usted, diputada,
ya la hora se presentó».
Pero Luz Elena, muy firme,
la sesión primero abrió.
«Aquí se siguen las reglas,
hay un orden que respetar;
si trae algún asunto, Flaca,
su turno debe esperar».
La Flaca quedó en silencio,
sin saber cómo intervenir;
levantó la mano en alto
y pidió permiso para seguir.
Con firmeza dirigía
cada punto de la sesión;
primera mujer en presidirlo,
un capítulo en la historia de la institución.
La Flaca cambió de planes,
al distrito la acompañó;
entre saludos y conversaciones,
hasta a la gente conoció.
«¡Qué difícil es llevarte,
siempre tienes qué atender!
Entre el Congreso y tu distrito,
¡no te dejas convencer!».
La Catrina se fue pensando,
sin poder su plan lograr:
«¡Con Luz Elena al frente,
hasta yo tengo que legislar!».
FEDERICO FERNÁNDEZ
La Catrina llegó a Coahuila
con su libreta y su misión,
buscaba al fiscal Federico
para cumplir su comisión.
Pero al revisar los datos
se llevó una sorpresa singular:
la ENVIPE 2026 del INEGI
puso a Coahuila en primer lugar.
El 71.5 por ciento
se siente seguro al caminar;
¡la Flaca miró las cifras
y no sabía dónde empezar!
Federico la recibió
con firmeza y decisión:
«A Coahuila lo cuidamos todos»,
le dijo con convicción.
Le explicó el Modelo Coahuila,
sus cuatro ejes y coordinación:
prevención, proximidad, inteligencia
y fuerza en cada operación.
La Catrina, preocupada,
su libreta volvió a revisar;
«¡Con tanta gente trabajando,
aquí no me puedo descuidar!».
Quiso llevarse algunas almas,
pero cambió de parecer:
«¡Con este modelo de seguridad,
mejor me voy a otro lugar a ver!».
Federico siguió en su trabajo,
con firmeza y compromiso;
y la Flaca salió diciendo:
«¡En Coahuila hasta yo ando con aviso!».
OCTAVIO PIMENTEL
La Catrina llegó a Rectoría
con su lista y su misión,
buscaba a Octavio Pimentel,
el rector de la institución.
«Vengo por usted, Octavio,
ya se terminó su gestión».
Pero él le dijo sonriente:
«Primero, atiendo a la población».
Había estudiantes esperando,
cada quien con su petición;
Octavio escuchaba a todos
y buscaba una solución.
La Flaca miró la agenda,
no encontraba dónde entrar;
entre alumnos y reuniones,
¡le tocaba esperar!
«Yo también quiero hablar con usted,
no me vaya a hacer esperar».
Y Octavio, muy atento,
la invitó a pasar.
«Lobos desde siempre»,
se escuchó por el corredor;
la Muerte alzó la mirada
y hasta rugió con fervor.
«Si vuelve a buscarme, Catrina,
no me venga a apresurar;
que aún hay mucho por hacer
y estudiantes por escuchar».
La Flaca guardó su lista,
y se dispuso a regresar:
«¡Si Octavio busca otro periodo,
más me va a costar llevar!»
PROFESOR SAMUEL RODRÍGUEZ
La Catrina llegó al Ahuizote
con su libreta y su misión,
buscaba al profesor Samuel,
director de la institución.
Lo encontró entre las noticias,
las cámaras y la edición;
también al frente de Canal 3,
siempre pendiente de la información.
«Vengo por usted, profesor,
ya lo tengo en mi listado».
Samuel le dijo sonriente:
«¡Espérese, que hay mucho trabajo!».
La Flaca miró los pendientes,
no sabía por dónde empezar;
entre notas y transmisiones,
¡no lo podía alcanzar!
Después se fue hasta la cancha,
quería cumplir su cometido;
pero encontró a los Halcones
con su invicto bien defendido.
«¡Aquí mando yo!», dijo la Flaca,
con ganas de hacerlos temblar;
pero el equipo salió a la cancha
y no dejó de luchar.
Samuel, desde la tribuna,
los animaba con emoción:
«¡A darle con fe, muchachos,
que se juega con corazón!».
La Muerte quedó sorprendida,
no encontraba explicación:
¡ni en la cancha ni en la oficina
lograba cumplir su misión!
Guardó su guadaña la Flaca
y se marchó sin vencer:
«¡Con Samuel y sus Halcones,
hasta yo quiero volver!»


