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Opinión, Plumas

La tortuga jurásica que lleva el nombre de Julio César y los caballeros templarios

El Ahuizote
El Ahuizote
noviembre 3, 2026

Hace aproximadamente 150 millones de años, gran parte de lo que hoy es el sur
de Francia estaba cubierta por un mar cálido y poco profundo. En sus aguas
nadaban peces, tiburones, reptiles marinos y numerosas tortugas que recorrían las
zonas costeras en busca de alimento. Arrecifes, lagunas y pequeñas islas
formaban un paisaje tropical muy diferente al que actualmente caracteriza a esta
región de Europa.
Uno de los lugares donde mejor se ha conservado aquel mundo desaparecido es
la meseta de Canjuers, en el sureste de Francia. Sus rocas calizas han
proporcionado una extraordinaria colección de fósiles que incluye invertebrados,
peces y reptiles marinos, convirtiéndola en uno de los yacimientos más
importantes para comprender los ecosistemas europeos de finales del Jurásico.
Sin embargo, entre todos esos fósiles existía un grupo que había recibido
relativamente poca atención durante las últimas décadas: las tortugas.
Ahora, un equipo europeo de paleontólogos ha vuelto a estudiar varios ejemplares
descubiertos en Canjuers y ha encontrado una sorpresa.
En un trabajo publicado en la revista Zoological Journal of the Linnean Society, los
investigadores describieron una nueva especie de tortuga marina primitiva llamada
Caesaria templaria.
El nombre de la nueva especie es especialmente interesante porque conecta la
paleontología con la historia humana. Caesaria hace referencia a Julio César, el
célebre general y gobernante romano. Durante la Antigüedad, la meseta de
Canjuers era conocida como Campus Julii, es decir, “la llanura de Julio César”, un
nombre tradicionalmente relacionado con su paso por la región durante las
campañas de la Galia. De esa antigua denominación deriva también el nombre
actual de Canjuers. Por su parte, el nombre específico templaria recuerda a los
caballeros templarios, la orden militar medieval que mantuvo una importante
fortaleza en Comps-sur-Artuby, una localidad cercana al lugar donde aparecieron
los fósiles
.
De esta manera, una tortuga que vivió millones de años antes de la aparición de
los seres humanos terminó llevando un nombre que reúne la historia romana y la
medieval.

El descubrimiento fue posible gracias al reexamen de fósiles conocidos desde
hace décadas. Utilizando técnicas modernas de imagen, los científicos pudieron
observar detalles anatómicos que anteriormente habían pasado inadvertidos. Dos
de los ejemplares presentaban una combinación de características que no
correspondía a ninguna tortuga conocida, lo que permitió reconocer un género y
especie completamente nuevos.
Caesaria pertenecía a un grupo de tortugas adaptadas a ambientes marinos que
prosperó en los mares europeos durante el Jurásico. Aunque compartían algunas
características con las tortugas marinas actuales, representaban una rama
evolutiva diferente y mucho más antigua.
La nueva especie poseía un cráneo de tamaño moderado, un hocico relativamente
corto y un caparazón con placas óseas y escudos de proporciones particulares.
Entre sus características más distintivas destacan la anchura de ciertas placas
posteriores y las líneas onduladas que separaban algunos de los grandes escudos
del caparazón.
Estos detalles, aparentemente pequeños, son fundamentales para distinguir
especies fósiles y reconstruir sus relaciones evolutivas. Pero Caesaria no era la
única tortuga que habitaba aquellas aguas.
Los investigadores también identificaron un ejemplar de Solnhofia parsonsi, una
especie conocida previamente en otros yacimientos europeos. Su cráneo
relativamente grande y su hocico alargado contrastaban con las proporciones
observadas en Caesaria, lo que demuestra que diferentes tipos de tortugas
compartían estos ambientes marinos.

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