La huesuda llegó al INE
buscando a quién visitar,
y entre contratos y proveedores
no tardó mucho en preguntar.
¿Dónde está doña Guadalupe,
la que nos iban a presumir?.
Aquella mujer “íntegra y honesta”
que López vio venir.
En 2023 hubo aplausos.
El presidente celebró su llegada,
habló de experiencia, democracia
y de una familia progresista y honrada.
Taddei llegó por insaculación
después de que la Cámara no acordó,
pero desde Palacio, la bendición
política, nunca faltó.
Pasaron tres años. Y entonces apareció eso que tanto incomoda cuando no lo
controla el poder, el periodismo.
Diversos reportajes comenzaron a documentar vínculos con proveedores, contratos
cuestionados, personas cercanas convertidas en representantes de empresas y una
red de relaciones que terminó colocando al INE bajo la lupa.
Primero fueron “versiones”. Después llegaron documentos. Luego la Auditoría
Superior de la Federación abrió una investigación de oficio por posibles
irregularidades, conflictos de interés, colusión y triangulación de recursos.
Y entonces la calaca empezó a afilar la guadaña. Taddei aseguró primero que
permanecería en el cargo. Poco después anunció su renuncia para, dijo, proteger la
credibilidad y la independencia del Instituto. Curiosa forma de cerrar una semana
“complicada”. Pero con la renuncia comenzó otro espectáculo, el deslinde.
Claudia Sheinbaum se atrevió a recordar que la trayectoria de Taddei en los
organismos electorales comenzó desde 2014, cuando Lorenzo Córdova presidía el
INE. Después vinieron las explicaciones sobre su llegada por insaculación en la
Cámara y la distancia entre aquella designación y Morena.
Todo técnicamente explicable. El problema es la memoria. Porque cuando
Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE era una mujer honesta,
experimentada, progresista y democrática. López Obrador hablaba de su
integridad y celebraba su trayectoria.
Ahora que renunció en medio de investigaciones, descubrimos que su historia
comenzó con Lorenzo Córdova y que Morena, en realidad, casi pasaba por ahí. La
transformación también transforma biografías. Cuando el personaje funciona, se
presume. Cuando aparece el escándalo, se busca el acta de nacimiento política
para averiguar a quién más se le puede atribuir.
Y ahí está quizá la parte más incómoda. Buena parte de lo que hoy investigan las
instituciones comenzó con investigaciones periodísticas. Ese mismo periodismo
al que desde el poder tantas veces se acusa de fabricar campañas, responder a
intereses o publicar sin pruebas fue el que comenzó a hacer preguntas que después
terminaron llegando hasta la ASF.
Eso tampoco significa que las acusaciones están totalmente probadas. Hay
investigaciones en curso y corresponderá a las autoridades determinar
responsabilidades. Pero la secuencia importa. Primero investigó la prensa.
Después reaccionaron las instituciones. Finalmente llegó la renuncia.
Por eso la calavera de este año no necesitó demasiado contexto. La muerte,
encontró a Morena frente al féretro, hojeando desesperadamente la hemeroteca de
la historia y tratando de recordar cuándo exactamente habían dejado de conocer a
aquella figura que tres años antes recibió tantos elogios.
La muerte sonrió. No pidió discursos. Sólo dejó un epitafio:
“Aquí yace Guadalupe Taddei,
íntegra cuando llegó,
ajena cuando se fue”.
Y se marchó satisfecha. Porque hasta la muerte entendió algo de la Cuarta
Transformación, las responsabilidades son eternas. Las cercanías, no tanto.


