Definitivamente es un gran momento para hacer una reflexión sobre la democracia
en México y cómo ésta puede verse afectada cuando tenemos a un árbitro
cuestionado, ilegítimo y que se convierte en un político o política más que quiere
llenar, simple y llanamente sus bolsillos.
Como se imaginarán, lo comento por la terrorífica situación que atraviesa la
expresidenta del Instituto Nacional Electoral, Guadalupe Taddei, por una serie de
investigaciones periodísticas y filtraciones de videos, en donde todo apunta que se
benefició de su cargo para hacerse ilícitamente de dinero en un aparente conflicto
de interés.
Los videos fueron virales y el proveedor consentido del INE, se entiende que tenía
una relación sentimental o personal con la entonces consejera presidenta, y quedó
documentado cómo convivía con ella en fiestas y hasta a París se llevó a su hijo
de paseo y pues, digamos la pasaron bastante bien.
Y a nivel nacional, varios medios documentaron el caso del chofer de Taddei,
quien se convirtió de la noche a la mañana en un empresario prominente, eso sí,
solamente con un cliente, el INE, quien le otorgó contratos por casi 200 millones
de pesos.
Si de por sí, la gente no quiere votar, de por sí, no confían en sus autoridades, ni
en los partidos políticos, que en muchas veces coincido, para mí, todos son
iguales, ahora con el INE, que se había venido manejando bien, ya se manchó de
esta situación. Que considero, primero debe investigarse, pero esto apesta a
corrupción.
Y la salida de Taddei me da mucho gusto, pero definitivamente se tiene que llegar
hasta sus últimas consecuencias. Porque luego nos acostumbramos que, si un
político roba o la riega, con su salida queda subsanado el tema, pero no es así.
Lo que sí, es que, desde su llegada, Taddei se congració con López Obrador, y en
el 2024 volteó para otro lado cuando sus polémicas «corcholatas» comenzaron
campaña -incluida Sheinbaum-, muchísimo antes de lo permitido.
El otro gran episodio de colusión para mí se presenta cuando el INE de esta
señora, decidió otorgarle a la Coalición Morena-PT-Verde, más diputados de los
que les correspondían. Con esta acción, lograron una mayoría absoluta y les
entregaron la posibilidad de hacer posible la locura de la elección del Poder
Judicial.
Además, han podido hacer y deshacer en la constitución lo que les viene en gana.
Y bueno, nunca ha sido un secreto que esta señora, tiene incrustada a una amplia
red de familiares en la 4T, sobre todo en Sonora, en LitioMex, y en varios lados
públicos, lo que sugeriría que es una más de su movimiento.
Y a ver, no quiero juzgar a sus familiares con hueso, porque no descarto que
alguno de ellos tenga su propio mérito y su propia carrera, pero al menos es
extremadamente sospechoso que esta sea la realidad.
Pero lo que verdaderamente me apura, es el golpe tan severo a la reputación,
porque esto lleva mucho tiempo para sanar.
Así como la buena reputación llevó décadas para construirse, con José
Woldenberg en el año 2000 o en el 2018 con Lorenzo Córdova, que permitieron
alternancias muy recordadas e históricas.
Ahora no solo es construir, ahora es limpiar la imagen de un Instituto que era
ciudadano y efectivo, y ahora parece una oficina más de la 4T.
Ojalá se retome el rumbo con mira a las elecciones del 2027 y del 2030. Y algo
todavía más triste, es que en la lógica de que la 4T puso a Taddei, ya deben estar
pensando en alguien más, porque si algo han demostrado, es tener la ambición
desmedida de controlar o eliminar absolutamente todas las instituciones del país.
En fin, lo único que nos queda es vigilarlos y hacer sentir el peso ciudadano.


