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Opinión, Plumas

Hemingway: 65 años de su suicidio (2/3)

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
octubre 19, 2026

Lo he publicado harto en todos los espacios periodísticos y literarios a mi mano en varias partes del país: la inmediatez le gana la partida a lo importante y de fondo. Y lo importante y de fondo a este escritor, también se la va de las manos como una voluta de humo inapresable. Lo repito: voy descubriendo haciendo cuentas matemáticas, las cuales no se me dan, seamos francos, lo siguiente: este año el cual se escapa de la vida y las manos, se cumplen 65 años de la muerte del Premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway (1899-1961), gringo èl, pero trotamundos. Sí, uno de mis preferidos. Tanto como escritor como periodista.

Cifra redonda lo cual obliga a releer toda su obra. Anotarla, paladearla y hacerle un homenaje, como estas torpes letras. Escribí “paladearla», sí, saborearla, buscar las resonancias secretas de sus letras donde hace gala de erudición y gran estilo al describir platillos, comidas, vinos, cervezas y lugares míticos ya, debido a su pluma: Cuba y sus peces gigantescos, las estepas africanas al pie del Kilimanjaro, los trofeos de caza de animales impensables; claro, su “descubrimiento” de los sanfermines españoles y las corridas de toros, sólo para varones bien nacidos. En fin.

¿Se necesita dinero, harta plata para lo anterior? Sí y no. de hecho, me decanto por lo segundo: no. la vida se vive, se padece y luego, se muere. Así de sencillo. Pero antes, hay que vivirla. Es aquella frase célebre y matona del abogado don Gerardo Blanco y Guerra: hay que irse de la vida con las cuentas bancarias vacías, la vida muy raspada y ligeros de equipaje. Sin duda, así fue la vida de papá Hemingway.

Rudo, bravo, varón bien nacido, domador de fieras, herido de guerra… en fin. Así lo recordamos. Pero ¿y la ciudad, las ciudades en sus letras? Sin duda, se ha abordado lo anterior, pero todo palidece ante el embate del macho cabrío de papá Hemingway y sus obras donde aflora el combate del hombre con la naturaleza y el nunca dejarse domar ni domesticar.

Estoy releyendo los libros los cuales tengo del Nobel suicida. Pero, hay uno el cual no había leído, es “Ahora brilla el sol”, también se le conoce como “Fiesta.” Personajes atormentados, heridos de guerra; ellas, entre el alcohol y los amores ridículos y eternos; ellos atados al potro de la angustia. Sucede en París y España. Tardes grises, pero más, en un calor demencial de un junio intolerable, lo cual hace sudar a los personajes y moldea su carácter.

En corto:

#Al punto: ¿Qué comen, qué beben los protagonistas; son lugares ficticios o reales las cafeterías y hoteles frecuentados? Volveré al tema, pero un rápido inventario: “Café Versalles”, “Café Napolitain”, “Restaurante Foyod”, “Restaurante Select”… en cuanto a bebidas y almuerzos afloran platillos siempre en francés en el original. 

#Pero, aparece en el capítulo III y lo hará en toda la novela, una bebida muy ruda, sólo para iniciados: “Pernod.” En voz del narrador, “El pernod es una especie de ajenjo, de color verdoso. Añadiéndole agua se vuelve lechoso. Tiene sabor dulce y es de rápido efecto, pero también lo tumba a uno con la misma rapidez.” 

#Sí, una variante del “hada verde”, el ajenjo. ¿Usted ya lo probó? De alto impacto. Si usted lo toma en Saltillo, usted termina en Chiapas. Y sin gastar un peso. Puf. 

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