La locura viene de los dioses y de las musas. Hay una locura terrena, de humanos, por enfermedades de humanos; pero, hay otra forma de locura, es algo divino. Esta viene o corresponde a cuatro divinidades: Apolo la asigna a la inspiración profética, a Dionisio se le achaca la mística, a las Musas la locura poética y la locura erótica a Afrodita y Eros.
La anterior taxonomía es de Platón, aparece esta definición en “Fedro o del amor.” Los escritores, tocados irremediablemente por el hálito de la melancolía (para irnos directamente y también por la situación o estudio de la antigüedad de los cuatro humores o flemas del ser humano), son tentados por la locura divina. Pero, esta locura, aunque inspira (sigamos con Platón) las obras más excelsas y perfectas, lleva invariablemente a “entregarse a los dioses.” Es decir, a la muerte.
Y uno de esos seres privilegiados de la creación, fue y es Ernest Hemingway. Premio Nobel él del cual, en este año, se cumplen 65 años de su suicidio. Aniversario luctuoso, pues. Pero es necesario leerle y analizarlo toda una vida. A papá Ernest Hemingway hay que analizarlo y paladearlo en todas sus aristas: la gastronomía, su conocimiento enciclopédico sobre vinos, su veta bélica, viajes, sy veta periodística, pero, sobre todo, nos vamos a sumergir en la vida personal y tormentosa (al igual de varios de sus personajes de sus textos, siendo modelo arquetípico él mismo), norteamericano y ciudadano de todo el mundo, Ernest Hemingway (1898-1961), vivió asediado por los demonios de los dioses y las musas.
Es decir, sus propios demonios materializados o encarnados en su madre, a la cual culpó no pocas veces del suicidio… de su padre.
Vaya pues, le gritaba y le definía como “perra.” Hoy todo se trata de explicar a través de enfermedades las cuales reciben bautizos para sujetarlas en corsés de una realidad asfixiante. Hay un ensayo de diez páginas de un prestigiado doctor (Christopher D. Martin) el cual leyó toda la obra de Hemingway, sólo para dar un veredicto médico el cual ya conocíamos y sin ser doctores: “trastorno bipolar.”
Repito: este año se cumplen 65 años de la muerte del Premio Nobel de Literatura (cifra cerrada). Todos los años hay que releer a Hemingway. Al maestro Hemingway se le asocia con justa razón, con la rudeza, con el vigor físico, con la naturaleza. Ernest cultivó bien su leyenda de amante de la caza y la pesca (“El viejo y el mar”, claro), a la par de ser un amante de la buena vida: la comida y la bebida hasta el hartazgo.
En corto:
#Herido de gravedad en la Primera Guerra Mundial, su literatura y periodismo está entonces impregnado de harto fatalismo donde se explora el vacio existencial (no hay mañana, es sólo hoy), el ser humano siempre está solo ante el mundo, hay una cierta imposibilidad de relacionarse con algún humano de tiempo completo (una mujer) y la soledad y al final del túnel, el suicidio, son la solución.
#Pero en medio y ante esta pérdida de fe en un futuro el cual no existe, sólo nos queda entregarnos mientras tanto, a los apetitos inmediatos del ser humano (satisfactorios y distractores a la vez): el sexo, la bebida, la comida. Viene lo duro, lo fuerte: en cuatro generaciones de la familia Hemingway, siete de sus miembros se han suicidado.
#Prepárese para lo mejor, vamos iniciando…


