Héctor Rivera Sylva
Hace aproximadamente 155 millones de años, gran parte del sudeste asiático era una vasta región de ríos, lagos y llanuras cubiertas por exuberante vegetación. En aquellos paisajes vivían algunos de los animales más grandes que jamás hayan caminado sobre la Tierra: los saurópodos, dinosaurios herbívoros de cuello y cola extremadamente largos que dominaban los ecosistemas del Jurásico.
Entre ellos destacaban los mamenchisaúridos, un grupo famoso por poseer algunos de los cuellos más largos conocidos en la historia de la vida. Muchos de estos gigantes podían alcanzar longitudes impresionantes, utilizando sus enormes cuellos para alimentarse de hojas situadas a diferentes alturas sin necesidad de desplazarse constantemente.
Hasta hace poco, la mayoría de estos dinosaurios solo eran conocidos en China. Sin embargo, un nuevo descubrimiento demuestra que su historia fue mucho más amplia.
En un estudio publicado en la revista Scientific Reports, un equipo de paleontólogos de Tailandia describió una nueva especie de saurópodo llamada Uragasaurus kalasinensis, el primer mamenchisaúrido nombrado formalmente para ese país.
El nombre del nuevo dinosaurio posee un significado especialmente evocador. Uragasaurus combina la palabra sánscrita “uraga”, que significa “serpiente”, con el término griego “sauros”, que significa “lagarto”. El resultado puede traducirse como “lagarto serpiente”, una referencia a su extraordinariamente largo cuello. Por su parte, el nombre de la especie, kalasinensis, honra a la provincia de Kalasin, en Tailandia, donde fueron encontrados los restos fósiles.
El fósil fue descubierto en la Formación Phu Kradung, en el noreste de Tailandia, una región que desde hace décadas ha proporcionado importantes restos de dinosaurios. Aunque el nuevo animal está representado principalmente por una vértebra excepcionalmente bien conservada, este hueso contiene suficiente información para reconocer una especie completamente nueva.
A primera vista puede parecer sorprendente que una sola vértebra permita identificar un dinosaurio desconocido. Sin embargo, en los saurópodos estas estructuras presentan numerosas características anatómicas que funcionan como auténticas huellas de identidad.
En este caso, los investigadores utilizaron tomografía computarizada para explorar el interior del fósil sin dañarlo. El análisis reveló una compleja red de cavidades internas llenas de aire, una adaptación que hacía los huesos más ligeros sin comprometer su resistencia.
Este sistema de espacios neumáticos era especialmente importante en animales de tamaño gigantesco. Gracias a él, podían sostener cuellos extraordinariamente largos sin que el peso del esqueleto aumentara de forma desproporcionada. La combinación de rasgos externos e internos permitió demostrar que el fósil pertenecía a un miembro muy primitivo de los mamenchisaúridos.
El descubrimiento tiene una enorme importancia científica porque amplía significativamente la distribución geográfica conocida de este grupo. Hasta ahora, los mamenchisaúridos eran considerados principalmente dinosaurios de China. La presencia de Uragasaurus demuestra que estos gigantes también habitaron amplias regiones del sudeste asiático.
Además, el hallazgo ayuda a comprender mejor la historia geológica de la Formación Phu Kradung. La presencia de este dinosaurio confirma que las capas inferiores de esta formación corresponden a un periodo del Jurásico tardío, proporcionando una referencia importante para interpretar la evolución de otros fósiles encontrados en la misma región.



