Mientras el Mundialito sigue su ruta y surte el efecto deseado (es un distractor), las cosas harto importantes se van de las manos y nadie, nadie está enterado de ello. Lo peor, a nadie importan, creo. No en el mundo real. Y en el mundo real y aquí en el vecindario de Saltillo, el pasado 30 de junio (sí, día en el cual México derrotó a Ecuador en un juego aburrido a más no poder), tres suicidios a la cuenta dolorosa de un rosario interminable.
Como siempre, iniciamos de nuevo: muchas ollas en la lumbre. La lumbre de la política local, regional, estatal, nacional y ni se diga, a nivel internacional. En todos los estamentos: cultura, política, sociedad, gastronomía, espectáculos, música y un largo, largo etcétera. ¿Por dónde empezar? Como siempre, no lo sé. Tal vez y sólo tal vez, hacerlo como bien lo escribió Lewis Carroll en su inconmensurable “Alicia en el país de las Maravillas”: iniciar por el principio y así continuar…
Inicio entonces por el principio: los verdaderos temas, lo verdaderamente candente no es la política (aunque sí lo es), lo importante es lo siguiente: lo que le pasa al vecino, lo que le pasa a mi familia, lo que le pasa a usted estimado lector. Esto es lo importante. Y sucede lo de siempre: la sociedad está enferma, podrida. ¿Importa si aquí se ensambla la mejor camioneta del mundo? Absolutamente no. Los pobres y pinches obreros que diario la ensamblan, jamás van a tenerla en sus cocheras de barrio bravo. Jamás. Lo importante es lo siguiente…
Jesús Ramírez de 55 años se colgó en un parque público en la colonia “Fundadores.” Ojo con la acción. Los suicidas ya no se cuelgan o se disparan o beben veneno hasta morir en sus casas o cuartos, no; ahora lo hacen públicamente (en los parques, en los hospitales, en los puentes, etcétera) y esto y no otra cosa es su “recado póstumo y público.” Piden ayuda, nadie se las brinda. Es el caso de hace algunos días de otro suicida, Antonio Tobías de apenas 29 años, luego de intentar suicidares en cuatro ocasiones anteriores, lo hizo desgraciadamente en el quinto intento.
No puedo culparlo de nada, salvo desearle que de verdad hoy esté descansando. Pero, perdón por repartir culpas, todos somos culpables de su suicidio/muerte. Si la sociedad y el gobierno no pueden preservar lo único que cuenta, la vida, de un ser humano, el gobierno y la sociedad entonces, no sirven, no servimos para nada.
Y usted lo sabe, es intrascendente si fui el primero en dejarlo en letra redonda (así fue, por lo demás) al alertar públicamente sobre el tema y flagelo del suicidio en la entidad, lo cierto es que el suicidio, los suicidas siguen siendo noticia (para mí) porque nadie para dicha depresión y nadie presta oídos y atención a semejante flagelo de salud pública.
En corto:
#Juan Vázquez Romo de apenas 33 años se suicidó en el patio trasero de su casa en la colonia “Nuevo Progreso.” José Luis del Refugio bebió alcohol hasta morir (debe de considerarse un suicidio, claro) y terminó en una jardinera de la colonia “Ruiz Cortines.” En la colonia “Balcones de las Torres” otro colgado de 42 años…
#Dice un poeta atormentado, como lo fue Gérard de Nerval: “Yo soy el tenebroso –el viudo– el desconsolado/ Príncipe de Aquitania de la torre abolida, / murió mi sola estrella mi laúd constelado/ ostenta el negro sol de la melancolía…” Pues sí, este tono crepuscular y adolorido es el sino característico de estos humanos melancólicos, los cuales ven al final del túnel un sol negro de melancolía. Pero todo mundo festejando el Mundialito. O lo que queda de él.



