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El ñandú de las estrellas: un nuevo dinosaurio corredor emerge de la Patagonia austral

El Ahuizote
El Ahuizote
junio 29, 2026

Héctor Rivera Sylva

Hace aproximadamente 67 millones de años, en los últimos instantes de la era de los dinosaurios, la Patagonia austral era una tierra de paisajes abiertos, ríos serpenteantes y extensas planicies donde convivían algunos de los animales más extraordinarios del planeta. Entre ellos se encontraban los unenláguidos, un grupo de pequeños dinosaurios carnívoros estrechamente emparentados con las aves.

Estos animales han despertado gran interés entre los paleontólogos porque representan una de las ramas más peculiares dentro de los dinosaurios depredadores. Sus cuerpos ligeros, patas ágiles y ciertas características esqueléticas los convierten en piezas clave para comprender la evolución que eventualmente conduciría a las aves modernas.

La mayoría de los unenláguidos conocidos proceden del norte de la Patagonia argentina, donde se han descubierto numerosas especies. Sin embargo, mucho más al sur, cerca del extremo austral de Sudamérica, su registro fósil ha sido extremadamente escaso. Por ello, el descubrimiento de una nueva especie en la provincia de Santa Cruz representa una noticia especialmente importante.

En un estudio publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, paleontólogos argentinos describieron una nueva especie de unenláguido llamada Kank australis.

El nombre del nuevo dinosaurio tiene un profundo significado cultural. Kank proviene de la mitología del pueblo aonikenk, también conocido como tehuelche meridional. Según sus tradiciones, Kank era el Ñandú Mayor, una figura legendaria asociada con la creación de la constelación de Choiols, identificada actualmente con la Cruz del Sur. 

La elección de este nombre conecta el descubrimiento científico con una rica tradición cultural de la Patagonia, estableciendo un puente entre el conocimiento ancestral y la paleontología moderna. Por su parte, el nombre de la especie, australis, significa “del sur” en latín y hace referencia a la ubicación austral donde fueron encontrados sus restos. 

Aunque los restos encontrados son fragmentarios, incluyen vértebras, huesos del pie y dientes perdidos por el animal durante su vida. Lejos de ser una limitación, estas piezas han proporcionado información suficiente para reconocer que se trata de un dinosaurio diferente a cualquier otro conocido hasta ahora.

Uno de los rasgos más llamativos aparece en las vértebras del cuello. Estas presentan cavidades internas asociadas con sacos de aire, una característica que recuerda a las aves modernas y que ayudaba a aligerar el esqueleto. Además, algunos huesos del pie muestran una anatomía inusual que no se observa en otros unenláguidos conocidos.

Estas diferencias sugieren que Kank poseía adaptaciones propias y que los unenláguidos eran mucho más diversos de lo que se pensaba. En lugar de formar un grupo uniforme, estos dinosaurios desarrollaron distintas soluciones anatómicas para sobrevivir en ambientes diversos.

Este hallazgo refuerza una idea que ha ido cobrando fuerza en los últimos años: los unenláguidos constituían un grupo extraordinariamente variado, con especies que ocupaban distintos nichos ecológicos en los ecosistemas del hemisferio sur y que estos dinosaurios también prosperaron en latitudes mucho más australes, ampliando significativamente el rango de distribución conocido para el grupo.

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