Fíjense que no creo para nada que sea algo malo viajar en avión privado siendo político.
De hecho, raramente, soy de los politólogos que más defiende el hecho de que los políticos, eso sí, dependiendo su nivel y su encomienda, puedan utilizar aeronaves exclusivas.
Sobre todo, porque comprenderemos que sus agendas son muchísimo más intensas que las nuestras. Y de ninguna manera se puede comparar el grado de responsabilidad por ejemplo de un gobernador o un presidente a las de otro tipo de funcionarios.
Pero todo, absolutamente todo en la vida, tiene que analizarse bajo un contexto obligado y como se imaginarán, quise arrancar con este tema, porque en medios nacionales se suscitó una crisis para el senador morenista, Gerardo Fernández Noroña, quien visitó Coahuila y lo hizo precisamente en un avión privado; o como él mismo lo declaró, se trató de un «taxi aéreo».
Hablo de contextualizar las cosas, porque si ese avión, hubiera sido utilizado por ejemplo por la presidenta o un gobernador, estrictamente para atender una gira de trabajo o una emergencia, sin problema como pueblo lo avalamos.
Pero en el caso del señor Noroña, hay dos cosas que no cuadran en lo absoluto.
El primer punto es que utilizó ese «taxi aéreo» para venir a hacer grilla. Porque hasta donde he visto y analizado en redes sociales, no vino a anunciar alguna obra, inversión o existió algún plan en donde se vinculará su visita con su función legislativa.
Otro punto que no coincide, es que es Noroña, es uno de los militantes de la “4T” que más ha promovido la famosa «austeridad republicana», que la mayoría ya la bautizamos como «pobreza franciscana».
Esto por donde se le busque es incongruencia. Porque antes criticaba todo esto que ahora disfruta.
En sencillas palabras, no sé cómo Noroña tiene cara para defender con un cinismo impresionante el uso de un lujoso avión por cierto americano, para prácticamente hacer grilla, cuando antes de llegar al poder, en la Ciudad de México usaba una combi conocida como el «NoroñaBus».
Como dice el dicho; más rápido cae un hablador que un cojo. Y Noroña atraviesa una dura crisis de imagen por esa bipolaridad política.
Antes era pobre, antes era humilde, antes criticaba a autoridades ejecutivas por hacer su trabajo en aviones o helicópteros. Y ahora cuando su trabajo no justificaba el uso de una aeronave privada, se escuda a través de payasadas.
En contraparte, y para que quede claro. Si la presidenta o el gobernador o algún funcionario con alta responsabilidad necesitan un avión privado y lo usan, personalmente lo respaldo.
Pero no nos confundamos, ahora sí que como decía Damián Alcazar en su papel del «Benny» en la película del Infierno: «una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa».
Los gastos bien justificados de ciertas autoridades a mi consideración no tienen problema.
Somos un país muy grande territorialmente hablando, tenemos una geografía complicada y si esos medios se utilizan de manera transparente y justificada, no veo ningún inconveniente.
El problema es que Noroña y sus fans criticaban a Peña Nieto, y a Calderón, por ejemplo, por el avión presidencial, por hacer giras internacionales y visitas de estado, y ahora no encuentran cómo defender a este señor, cuando contrató un servicio aéreo extranjero para venir a Coahuila a echar labia o grilla. ¡Así las cosas con este embaucador!


