Héctor Rivera Sylva
En los últimos años, la búsqueda de aves modernas en rocas del Cretácico tardío, se ha convertido en una de las piezas clave para entender cómo se originaron y diversificaron los linajes que hoy dominan el planeta. Hasta ahora, la mayoría de estos registros provenían del hemisferio norte, lo que dejaba grandes vacíos en la historia evolutiva en regiones australes. Por eso resulta especialmente relevante la descripción de Pujatopouli soberana, un nuevo género y especie procedente de la isla Marambio (Seymour), en la Antártida, publicada por paleontólogos argentinos en Cretaceous Research.
El fósil procede de la Formación López de Bertodano, una unidad geológica del Maastrichtiano (los últimos 2–3 millones de años del Cretácico). Esta formación es conocida por ser uno de los pocos lugares del mundo donde se conserva una alta diversidad de aves modernas tempranas, lo que la vuelve un laboratorio natural para estudiar el surgimiento de Neornithes, el grupo que incluye a todas las aves actuales. El nombre del género, Pujatopouli, honra al General Hernán Pujato, figura clave en el desarrollo del Plan Antártico Argentino.
El epíteto específico soberana refuerza ese vínculo con la historia nacional y la presencia argentina en la Antártida. Es un gesto que subraya la continuidad entre la exploración científica y la humana.
El ejemplar tipo de Pujatopouli conserva partes del cráneo y del esqueleto posterior. Aunque no está completo, muestra suficientes rasgos anatómicos para ubicarlo dentro de Neoaves, uno de los grandes linajes de aves modernas que incluye a la mayoría de las especies actuales.
Los autores realizaron dos análisis filogenéticos independientes para reducir sesgos: uno centrado en aves mesozoicas, y otro con un muestreo amplio de aves modernas.
Ambos arrojan resultados congruentes: Pujatopouli pertenece al tronco de las aves modernas y se ubica cerca de los Aequornithes, un grupo que reúne a las llamadas “aves marinas básicas”, como somormujos, cormoranes, albatros o garzas. Esto implica que, hacia el final del Cretácico, en un ambiente costero antártico, ya coexistían linajes comparables a las aves marinas actuales.
Desde mi perspectiva, este es el tipo de descubrimientos que obliga a replantear varias de las ideas tradicionales sobre el origen de las aves modernas. No es un simple “antepasado remoto”: es un representante pleno de un linaje moderno viviendo en un ecosistema que hasta ahora considerábamos dominado por otros grupos.
Los rasgos anatómicos preservados indican que Pujatopouli era un ave adaptada a impulsarse con las patas bajo el agua, un modo de vida similar al de somormujos o algunos cormoranes actuales. Su dieta habría sido principalmente piscívora.
El hecho de que este tipo de adaptaciones aparezcan en aves tan antiguas sugiere que la diversidad ecológica de las neornites tempranas estaba mucho más desarrollada de lo que generalmente se asume. No eran solo aves pequeñas y generalistas: ya había buceadoras especializadas, probablemente compitiendo con otros depredadores costeros.
La presencia de Pujatopouli, junto con otros registros neornítidos de la misma formación, demuestra que en la Antártida existían al menos dos grandes linajes de aves modernas conviviendo en los últimos instantes del Cretácico: Galloanseres (el grupo que incluye patos y gallinas), y Neoaves (el grupo más diverso de aves actuales). Esta coexistencia temprana respalda la idea de que la diversificación inicial de las aves modernas ya estaba muy avanzada antes del impacto del asteroide.




