Tal vez y sólo tal vez, hemos llegado al final de los tiempos. Es decir, eso llamado Apocalipsis, Donald Trump tiene al mundo en vilo y en su puño. Mientras eso ocurre, ya es tiempo de “Semana Santa” o “Semana Mayor” para el mundo católico, no así para los hermanos cristianos y menos para los hermanos judíos. Y si es tiempo bíblico o de apocalipsis, pues, hoy nos vamos a detener en los alimentos bíblicos, precisamente.
Lentejas. Un plato de lentejas. Si algún día me caso o bien, me quedo con buena mujer (caray, casi imposible por los tiempos de hoy) y hago vida conyugal con ella de tiempo completo, hay sólo dos o tres platillos los cuales pediría cotidianamente: un plato de lentejas, pasta de cualquier tipo y con cualquier aderezo o salsa, y pollo o pato a la naranja. Nada más. Mi paladar es exiguo tal vez.
Pero mi tirada de naipes está inclinada en los olores y sabores de mi infancia, cuando mi madre cocinaba eternamente en el fogón familiar y junto a ella, nosotros, sus hijos, disfrutábamos sus manjares. Ya es Cuaresma y aprieta la “Semana Santa” en el calendario. Y siempre recuerdo y viene a mi lengua el verbo ardiente de mi maestro, Antonio Usabiaga quien en sus incendiarias homilías dominicales en la Iglesia de Fátima, voz de trueno, espetaba: la “Semana Santa” no era un menú, ni una orden de comida a la carta; mucho menos una dieta.
Con el paso de los años y las generaciones, la llamada “Semana Mayor” para los católicos ha perdido su significado primigenio y se ha visto reducida a dos significantes: un periodo vacacional y un menú; una dieta que, por una semana al año, abomina de la carne roja e incluye al pescado como alimento vertebral.
Hemos perdido la meditación y el rezo dilatado; en el camino, hemos dejado de lado la lectura y las oraciones; ya sin brújula, caemos en la farsa de la mejor “celebración” es comer todos los días pescado y ayunar –casi en el borde de lo extinción– como una especie de flagelación, la cual nos librará de nuestros pecados recurrentes.
Van algunos alimentos bíblicos y sus referencias en la Biblia (sea cristiana o católica, básicamente es lo mismo). De decenas o cientos de alimentos, cenas, banquetes y convivios los cuales se mencionan, van a vuela pluma varios ejemplos los cuales tengo señalados. Aparecen condimentos, especias y hierbas (anís, cilantro, menta, mostaza, sal, ajo, eneldo… usted los encuentra en Esdras, Job, Mateo, Éxodo, Números…).
En corto:
#Aparecen frutas y nueces (higos, manzanas, olivos, melones, granadas, pistaches, almendras… usted los encuentra en Génesis, Cantares, Deuteronomio, Samuel, Salmos…) aparecen granos (como la cebada, trigo, mijo, harinas… en Ezequiel, Reyes, Mateo, Génesis…). Aparecen aves comestibles (perdiz, paloma, codornices… en Samuel, Levítico, Salmos). En fin, vamos iniciando.
#Pero también hay animales y panes milagrosos, irreales: polvo de oro, maná, tortas de ángel, pan y carne de cuervos, aceites milagrosos… Mucho, mucho por explorar y esto es lo importante y no la insana política regional, nacional e internacional, la cual sí, arde, literal.



