Gracias por leerme y atender estas letras e ideas. Muchos comentarios recibo por varios temas aquí tratados, lo cual lo hago recurrentemente poro ello: alertar sobre estos problemas sociales, económicos, políticos pero lo más importante: es la vida, la pérdida irreparable de vidas humanas.
Diario, de manera sorda y sin prisa ni pausa, hay varias formas atroces de morir en la Región Sureste de Coahuila: suicidios, bellacos motonetos los cuales retan la muerte a cada instante, las vacunas de agua de horchata las cuales siguen cumpliendo de manera milimétrica al llevar a tumba a todo mundo (infartos, se les dice) y un serio problema de salud público como los anteriores: el alcoholismo. El maldito y calamitoso alcoholismo a cualquier edad y de cualquier clase social.
Lo he escrito antes: el año pasado, 2024, se cumplieron 215 años de nacimiento o bien, 175 de la muerte del gran Edgar Allan Poe (1809-1849). Debo de tener el 90% de la obra escrita por Allan Poe. El problema y como siempre, es uno: no la encuentro al momento de redactar esta nota. Lo estoy releyendo para un buen ensayo sobre su vida y obra. Pero, estoy releyendo recopilaciones, antologías de sus textos.
En estos días debo de encontrar por ejemplo, sus cuentos completos editados por Aguilar. En una de sus piezas perfectas y uno de sus textos más celebrados por todo mundo y en el mundo entero, en las palabras de Edgar Allan Poe escritas en “El gato negro”, reconocemos su poderío al haber dejado tatuado lo siguiente a fuego lento. Lea usted: “¿Qué enfermedad se puede comparar con el alcohol?”.
Hay una constante en mi vida, mis autores favoritos son por lo general alcohólicos, su genio está emparentado con la locura, son excéntricos y no pocas veces son exiliados de sí mismos. Varios al azar: Charles Baudelaire (murió en la locura y atado al potro de las adicciones), Francis S. Fiztgerald murió por tanto alcohol en las venas, Ernest Hemingway se suicidó, pero antes lo bebió todo. Los escritores y poetas habitamos “Las garras del amor, los venenos del antro…” escribió Charles Baudelaire.
Grave y delicado el problema de salud público llamado alcoholismo. Ninguna enfermedad se compara al alcoholismo. Aquí lo dejamos por escrito en su momento: El pasado miércoles 24 de septiembre, una joven madre de familia (Mónica Briseida “N”) murió decapitada por el impacto brutal del auto que manejaba, contra un negocio de comida en un bulevar urbano. Fue tan espeluznante aquello, que su cabeza no era encontrada, casi desintegrada. Sobra decirlo, iba alcoholizada, según los dictámenes periciales.
En corto:
#El pasado domingo 16 de noviembre una vez màs hubo un tremendo accidente de auto, donde dos jóvenes mujeres murieron en el acto y tres està agonizando. Murieron Adasa Abigail de apenas 25 años y Laura Eugenia de 37. Conducían un auto Jetta a alta velocidad y alcoholizadas.
#El alcoholismo provoca o está relacionado con poco más de 200 enfermedades: cáncer, afectaciones intestinales; diabetes, epilepsia, cirrosis… amén de conductas sociales como la ira, vandalismo, criminalidad, violencia familiar, prostitución y los recurrentes y fatídicos accidentes de tránsito que son muertes seguras.
# “¿Qué enfermedad se puede comparar con el alcohol?”. Los poetas siempre tienen la razón, Edgar Allan Poe lo dejó por escrito en el siglo XIX. El confinamiento por el Covid-19 alentó patrones de alto consumo de alcohol. El encierro hizo más alcohólicos a los mexicanos (Sigo los datos del Instituto Nacional de Salud Pública 2022). En las mujeres adultas aumentó el consumo de 33.5% a 42.5%. Entre jóvenes (menores de edad, para los cuales y en teoría, está prohibido su venta y consumo) aumentó la ingesta de alcohol 13.9%. Así andamos.




