La muerte, esa flaca de tobillos escurridos, la cual enamora con un solo y atractivo beso (el beso de la muerte), tarde o temprano a todos llega. Es ley de vida. Si vives, pues vas a morir. Pero, no estamos acostumbrados a ello, ver y sentir a nuestros seres queridos morir. Y lo repito, mi panteón particular tiene más cruces y amigos y familiares muertos y no vivos. Pero, lo he escrito antes: una persona muere, un ser humano realmente muere cuando dejamos de pensar en el. ¿Lo recordamos? Entonces está vivo.
Pero, caray e insisto, qué dolor para su servidor saber de la muerte de mis hermanos de ruta y compañeros codo con codo de esto llamado periodismo. No un oficio ni una profesión, no; un modo de vivir. En días pasados murió el fotógrafo y reportero, don Oliverio del Ángel, el célebre “Compañerito”, porque el maestro así se refería a todo mundo: en diminutivo, como una forma de fraternidad, no en términos peyorativos. Jamás. De hecho, a su servidor, no obstante que soy mayor en edad a él, me espetaba apenas me veía: “Gusto verlo joven Cedillo. Gusto verlo joven maestro.”
No. El maestro siempre era él. El joven era él. Hoy, unido a la eternidad lo sigue siendo: joven, gran maestro y con su cámara en el hombro, siempre retratando y dejando testimonio de este triste y bello planeta llamado tierra. Descansa maestro “Oliver”, descansa “Compañerito.” Descansa, sólo eso, descansa… Yo lo haré pronto. Eso espero.
“La normalización del desprecio” Le tildó el deslenguado y ácido periodista y académico, Luis Carlos Plata, al episodio funesto el cual ha tenido y tiene repercusiones nacionales: los descerebrados alumnos de la Secundario Federal No. 2. “Benemérito de las Américas.” Iniciaron una campaña digital en contra de sus maestros y directivos con un solo fin: difamar, calumniar, vejar. Despreciar. Dijo Plata. Es decir, como pandilla, como clan es algo tipificado penalmente: “crimen organizado.” Y como tal, exijo que se les procese a esos alumnos descerebrados los cuales no piensan… piensa su “celular inteligente”, lo que eso signifique hoy.
Estudié en la Secundaria Federal No. 2. Tal vez y sólo tal vez, por eso soy periodista. Allí tuve buenos y grandes maestros. Uno de ellos, quien me dio la cátedra de español, don Pedro Ángel González. Él mismo, autor y escritor. Publicó creo recordar, una triada de libros. Todos de colección. Lo recuerdo como si fuese ayer: a la clase le pidió de un día a otro, un resumen de una nota periodística, cualquiera. Como estoy muy pendejo, siempre lo he sido, me reventé todo el diario, todo el periódico… y al siguiente día llevé el resumen de todo el diario. No de una nota.
En corto:
#Mi maestro, gentil y galante, me regaló un diez (10) en mi libreta y un comentario y felicitación oral, lo cual guardo en mi alma y pensamiento. Don Pedro Ángel González fue tal vez y sólo tal vez, quien, con esa tarea escolar mínima, me otorgó el resto de mi vida, mi futuro: ser periodista y luego, lo que soy o tratar de hacerlo: escritor. Específicamente soy poeta.
#¿Y mi Secundario Federal No. 2? Sin problema yo correría a toda esa bola de muchachos descerebrados. Sin duda. Voy a buscar a la directora, doña Adriana Patricia Morín Herrera y ponerme a su orden. Caray. Que calamidad la juventud descerebrada…



