El agua es vida. Bueno, casi siempre. Nacemos en un universo acuoso, el vientre materno. Repito, el agua es vida. Pero, no pocas veces, lastima, hiere y mata (vea las inundaciones de miedo y espanto en Texas, por ejemplo). Jesucristo no pocas veces utiliza en su lenguaje, en su jerga, metáforas, sinónimos y proverbios enlazando la vida del ser humano con el agua. ¿Sed? ¿Sed de vida, amor y eternidad y paz?
Sin duda, beber del agua ofrecida por el maestro de Cafarnaúm; pero también, beber el agua primigenia, del agua hecho milagro vivo cuando el cayado de Moisés hizo brotar agua pura en medio del ardiente desierto al sólo contacto de su bastón de mando con la roca yerma.
Y este episodio bíblico, este milagro del Antiguo Testamento es retomado como motivo literario por una poetisa suicida la cual utilizó el agua (como Virginia Woolf, como la mexicana Concha Urquiza, dos mujeres, dos poetisas, dos escritoras también suicidas: muerte por agua) para inmolarse: Alfonsina Storni. Su poema se llama “Si la muerte quisiera”, es un tríptico bien dibujado con un tema eterno: la muerte que enamora. Leamos a Storni:
“Tenemos en las manos un poco de cicuta,
Perdimos de la lengua el sabor de la fruta
Y sabemos que un día seremos olvidados
Por la vida, viajero, totalmente borrados.
***
Tengo sed tan salvaje que me quema la boca
Y ansío beber agua que brote de la roca.
Persigo las corrientes para bañar la piel,
Alimentarme quiero de rosas y de miel…”
Ahora leamos brevemente el fragmento bíblico del profeta Moisés donde éste hace brotar agua de la roca ante un pueblo sediento y todo el tiempo quejumbroso: “Y altercó el pueblo con Moisés y dijeron: danos agua que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?… Y he aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña (con la vara) y saldrán de ella aguas y beberá el pueblo…” (Éxodo 17: 2-7).
Pero vea usted entonces como desdobla este episodio: la ausencia de agua es sed, dolor, y no pocas veces, sinónimo de muerte. Si hay sed, o bien, donde hay harta sed, anida la tristeza y la melancolía. Alfonsina Storni hace esta ecuación en su poema “¡Adiós!” y luego, codo con codo, en la poesía “La tristeza.” Lo remito a los textos originales.
En corto:
#Las aguas de lluvia se han llevado parte de la vida de decenas de coahuilenses. Tanto aquí en Saltillo, como en Torreón, Piedras Negras y Ciudad Acuña. ¿Se culpa a las autoridades? Sí, cuando los responsables, en un 90%, son los empresarios, los fraccionados, los coyotes inmobiliarios los cuales quieren su dinero, no su tranquilidad ni su calidad de vida.
#Hace años, años, en un periódico de la ciudad de México, leí una entrevista de quien entonces era un Secretario de Estado en el país. Era el injustamente vilipendiado y hoy amado, Ernesto Zedillo Ponce de León: fue el primero aquí en el vecindario en decirlo y predecirlo: “En el futuro, las guerras serán por agua.” ¿Sequía? Nos está matando. ¿Lluvias? Nos están matando.
#Todos los días algo se colapsa en Saltillo por las lluvias. El pasado domingo 13 de julio, en la zona universitaria llovió 60 mm. El encharcamiento en el paso inferior del bulevar Carranza alcanzó la altura de 2.5 metros. Así andamos de “planeación urbana.”



