Definitivamente uno de los más grandes errores en la vida pública del país, fue desaparecer a los organismos autónomos garantes de transparencia en México, tal como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) o en el caso estatal, el Instituto Coahuilense de Acceso a la Información Pública (ICAI).
Como todos recordaremos, después del fraude más grande en la historia de la administración pública mexicana, que se dio en Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), en donde se «perdieron» más de 15 mil millones de pesos, es cuando al ex presidente, Andrés Manuel López Obrador, empezó el plan para eliminar al organismo nacional de transparencia, que, en este caso, fue quien obligó a dicha dependencia a entregar toda la información correspondiente, esto derivado de una solicitud ciudadana.
Específicamente, fue el 5 de febrero del 2024, a semanas de arrancar la campaña presidencial, cuando López Obrador anuncia el famoso «Plan C», y entre muchas cosas como la Reforma al Poder Judicial, propone también la eliminación del INAI, seguramente porque a esas alturas ya era un dolor de cabeza para su administración.
Para junio del 2024, cuando Claudia Sheinbaum arrasa en las urnas, y cuando el Instituto Nacional Electoral (INE), decide darles una criticada sobrerrepresentación, en ese momento aprovechan para suprimir a un sistema que, con altas y bajas, se encontraban garantizando la transparencia en el manejo del recurso público y en tiempos más recientes, protegiendo los datos personales de la ciudadanía.
A mediados de diciembre del 2024, mientras todos planeábamos la cena navideña, la mayoría de los diputados de Morena en el Congreso de la Unión, aprobaron la extensión del INAI, en donde propusieron que naciera un órgano desconcentrado, pero bajo el mando de la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno, que dirige la ex directora del SAT en la administración federal pasada, Raquel Buenrostro.
En sencillas palabras, desaparecen al INAI y sus funciones pasan a manos del gobierno. Por lo que, en lo local, se manejó un esquema muy similar, y ante la extinción del ICAI, ahora pasará a manos de la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas (SEFIRC).
Debo decir que el ICAI tuvo en 20 años de vida altibajos, pero siempre cumplió con garantizar el acceso a la información. Pero tenemos que reconocer el liderazgo de su última Comisionada Presidenta, Dulce Fuentes Mancillas, quien llenó de dinamismo al Instituto que por lustros no había sido relevante para el sistema político estatal.
Dulce Fuentes es una mujer preparada, con un enfoque de apertura sin precedentes en dicho organismo y empezaba a consolidar los cambios que le hacían falta al ICAI, pero lamentablemente le «pitaron el partido antes de tiempo».
Tristemente la ola de extinción se vino con mucha fuerza, y a pesar de haber generado las condiciones para hacer a Coahuila el estado más transparente del país, y de contar con un equipo bien integrado y con un gran ambiente, el fin estaba anunciado.
Pero debemos mantener la confianza de que se entregan buenas cuentas, y que los compromisos en materia de acceso a la información continúan, y afortunadamente encuentro en la Secretaria de Fiscalización de Coahuila, Elma Marisol Martínez, a una mujer igualmente muy preparada y con el compromiso de seguir garantizando la transparencia en nuestro estado.
Los retos no son menores, los zapatos no son fáciles de llenar, pero veo capacidad de sobra en SEFIRC para que los sujetos obligados sigan cumpliendo y la ciudadanía siga involucrándose.
Como regla de vida considero que todo cambio es para bien, y aunque fue un error eliminar a los organismos autónomos, no podemos quedarnos a llorar sobre la leche derramada, por lo que tenemos que ponernos las pilas, y seguir alzando la voz en favor de la rendición de cuentas y de la protección de los datos personales de toda la población.




