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Lijiangosaurus: Un nuevo reptil marino

El Ahuizote
El Ahuizote
enero 27, 2026

Héctor Rivera Sylva

Uno de los rasgos más llamativos en la historia de los reptiles marinos son los cuellos exageradamente largos de muchos plesiosaurios. Son tan característicos que se han vuelto casi un símbolo del grupo. Sin embargo, la función real de estos cuellos, si servían para capturar presas, moverse con mayor sigilo o simplemente ampliar el alcance del animal, sigue siendo motivo de debate. Por eso resulta tan relevante el hallazgo recientemente publicado en Communications Biology por un equipo de paleontólogos chinos: Lijiangosaurus yongshengensis, un reptil marino que empuja hacia atrás el origen de esta innovación anatómica. 

Tanto el nombre del género como de la especie honran el origen del fósil: Lijiang y Yongsheng, la localidad donde fue hallado. Es un modo apropiado de reconocer que esta región, antes ausente del mapa paleontológico mesozoico, ahora aporta un hallazgo clave para entender cómo surgieron los cuellos más largos entre los reptiles marinos del Triásico.

El fósil proviene de un sitio del Triásico Medio temprano en la provincia de Yunnan, en el suroeste de China. Hasta ahora, esa región no había producido reptiles mesozoicos, por lo que el descubrimiento no solo aporta un nuevo animal al registro fósil, sino que abre una ventana paleontológica completamente nueva. El ejemplar es el único conocido de su especie, pero está lo bastante completo para revelar aspectos clave de su anatomía. Lo más notable: un cuello compuesto por 42 vértebras cervicales, una cifra extraordinaria incluso dentro de los sauropterigios.

A primera vista, uno podría pensar que esto lo convertiría en un pariente directo de los plesiosaurios, famosos por superar ampliamente las 30 vértebras cervicales. Sin embargo, el análisis anatómico demuestra que Lijiangosaurus no pertenece a ese linaje, sino a los nothosaurios, un grupo más basal dentro de los reptiles marinos del Triásico. Es decir, su cuello desproporcionadamente largo no es una etapa temprana del camino hacia los plesiosaurios, sino un caso independiente de elongación extrema. Para mí, esto refuerza la idea de que la evolución experimentó más con la forma del cuello de lo que tradicionalmente se ha considerado, produciendo soluciones similares en linajes separados.

Este punto es crucial: la elongación cervical extrema surgió antes de los plesiosaurios y en más de una ocasión. La presencia de más de 30 vértebras cervicales en un nothosaurio como Lijiangosaurus demuestra que este rasgo no fue exclusivo de los grupos que dieron origen a los plesiosaurios, sino una posibilidad anatómica disponible y explorada evolutivamente desde muy temprano.

Otro aspecto llamativo del fósil es un conjunto de articulaciones accesorias entre las vértebras, un tipo de refuerzo que no coincide con el que se observa en otros reptiles. Estas estructuras parecen haber tenido la función de reducir la ondulación del cuerpo, una forma de movimiento serpenteante típica en reptiles acuáticos primitivos. Controlar esa flexión habría permitido estabilizar el cuello, que de otro modo sería demasiado flexible para ser funcional. Desde mi perspectiva, este hallazgo aporta una pieza importante al debate sobre cómo se mantenían operativos los cuellos extraordinariamente largos sin comprometer el desempeño natatorio.

El descubrimiento también amplía lo que sabemos sobre la diversidad de formas vertebrales en los primeros sauropterigios. La columna vertebral fue mucho más “plástica”, más modificable, de lo que a veces se piensa. Lijiangosaurus no solo suma una variante más a ese repertorio, sino que ayuda a mostrar que la evolución de los sauropterigios no fue lineal, sino marcada por múltiples experimentos estructurales.

Sin duda, Lijiangosaurus yongshengensis obliga a revisar nuestros modelos sobre la evolución temprana de los sauropterigios y demuestra, una vez más, que incluso rasgos icónicos como los cuellos de los plesiosaurios tienen orígenes más complejos y distribuidos de lo que se creía.

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