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Opinión, Plumas

Lecturas para el verano

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
agosto 4, 2025

Buscar nuestro camino, buscar a Dios, buscar nuestro destino, forjar nuestro

futuro. Todo lo anterior lo que eso o ello signifique. Si buscamos nuestro

destino, lo hacemos a través de una ruta, esta es una vía (no pocas veces de

palabras y de reflexión) para saber a dónde vamos y transitamos. Y si decimos

vía, camino, itinerario, estamos hablando del viaje.

Lo cual usted lo sabe, es de una riqueza simbólica inigualable. Si nos vamos a

viajar es porque andamos buscando esa vía regia, ese camino hacia la mujer

amada, hacia un destino anhelado o hacia Dios: hacia nuestro centro espiritual.

El viaje es entonces símbolo de buscar la verdad, la paz, la inmortalidad, el

descubrimiento de Dios. En sus propias palabras, Jesucristo lo dijo: “Yo soy la

vía” (Juan 14:6). La vía real o regia en los tiempos antiguos, en tiempos de

romanos, judíos y cristianos, era la vía recta. Lo cual se presenta como

oposición a los caminos torcidos, rebuscados. Este rico simbolismo aparece en

Números en el Antiguo Testamento.

Y todos, todos de alguna manera pues sí, andamos nuestra vía, nuestro muy

personal camino el cual nadie más lo puede transitar, nadie más. Y hoy, todo

esto ha quedado sepultado en la nada, en la vacuidad de Internet y redes

sociales. Se ha llegado a una vida vegetativa apoltronados en mullido sillón y

con una pantalla táctil plana a un lado, encendida día y noche.

¿Antes? Antes se paseaba, se viajaba, se andaba el camino, se recorría la vía.

Si acaso no se podía salir más allá de las fronteras físicas y mentales de la

ciudad, pues se hacía uno viajero en la misma ciudad. Turista en nuestra

ciudad que nos vio nacer. Y esta cualidad ya casi perdida hoy, es una cualidad

fundamental no sólo en tiempos antiguos de la Biblia, sino que es rasgo

fundamental de paseantes que han existido en la historia de la humanidad,

como ese escritor fundamental en mi literatura, Henry David Thoreau.

En un pequeño opúsculo titulado precisamente “Pasear”, bello libro editado en

España, el autor nos propone el paseo no como una sola y unívoca situación

corporal de paseo físico, sino que este paseo se convierta en una actividad

fundamental para los sentidos y anudemos nuestra alma de hombre en una

comunicación y comunión con la naturaleza reinante. El libro es de una prosa

deslumbrante, pero, sobre todo, es una divagación plena y gozosa sobre todo a

aquello que nos rodea, sin olvidar nuestro interior, donde fluye nuestra vida

plena y completa.

Pasear, viajar. Es verano y es tiempo de disfrutar un poco, hacer un alto en la

vida y recargar energías disfrutando un destino elegido. ¿No se puede viajar,

no hay pesos suficientes? Pues es entonces menester hacer el mejor viaje

posible y único: viajar hacia uno mismo, encontrarse a uno mismo y la mejor

manera de ello es leer, prepararse, viajar, disfrutar. Algunos libros

recomendables para este verano son los siguientes.

En corto:

#Es un libro clásico y es obligado leerlo o releerlo para comprender a este

México violento y brutal de hoy. Es “México Bárbaro” del periodista gringo,

John Kenneth Turner (1879-1948), quien al venir al venir al país a documentar

el esclavismo, las oprobiosas condiciones de hombres y mujeres trabajadoras,

realizó una serie de reportajes que hoy son un libro fundamental para

entendernos como un país violento el cual jamás ha dejado de serlo.

#Hay un libro de reciente factura el cual está en boca de todos: “El loco de

Dios en el fin del mundo”, de la pluma del ibérico Javier Cercas. Una

verdadera joya, a mata caballo entre el relato, la estampa, la historia, la

crónica, la biografía, la reflexión; claro, con harta dosis de poesía. Lo invito a

que lo lea inmediatamente. ¿Tema? El viaje del escritor junto al Papa

Francisco a… Mongolia.

#Y claro, no se olvide usted de la triada invulnerable de mexicanos

universales. Lea o relea lo que encuentre o tenga de Octavio Paz, Carlos

Fuentes y Juan Rulfo. Así sea. Buen verano estimado lector.

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