Corría la década de los noventa del siglo pasado, quien esto escribe trabajaba para una editorial, Fondo de Cultura Económica, con base en la vecina ciudad de Monterrey, Nuevo León. Amén de atender una amplia cartera de universidades, bibliotecas y demás institutos de enseñanza superior, la editorial colaboraba estrechamente en la promoción de sus autores y sus obras de todo tipo de divulgación.
En estos años se programó una serie de presentaciones de un libro que causaba escándalo. Era el volumen “Expedición a la violencia”, del español nacionalizado mexicano, Santiago Genovés (†). Sus conferencias se sucedían a lo largo y ancho del país y su libro se vendía generosamente por un motivo: se había realizado una serie de documentales o programas basados en su libro, en producción para la televisión abierta, específicamente para la empresa Televisa. Genovés estaba en boca de todos.
Cabello cano, ya blanco completamente. Ojos de un color azul intenso y aún con ese seseo propio de los peninsulares, Genovés, recuerdo, era de estatura más bien corta, pero con ideas largas. Parecía más un venerable monje sabelotodo que fumaba con estilo bien tirado, que un erudito académico dotado de una capacidad portentosa. Estuve con él en Monterrey y en Zacatecas, cumpliendo con la operatividad de sus presentaciones, fue cuando le conocí. Sus programas eran un éxito.
Doctor en Ciencias Antropológicas por la UNAM y también, por la Universidad de Cambridge, Inglaterra, Santiago Genovés presentaba una tesis nodal en su libro que ahora, tiene una vigencia bárbara; la voy a ejemplificar con las siguientes preguntas que me imagino, todo mundo se hace al día de hoy: ¿La violencia está genéticamente determinada, está inscrita en nuestro cerebro? ¿La violencia está condicionada por nuestro pasado animal, según la teoría evolucionista? Y claro, ¿la violencia es hereditaria? ¿Son unos pueblos entonces, más violentos que otros?
En alguna entrevista de decenas que le hicieron, evoco una respuesta que dio a un periodista: “por matar a cientos de personas, por matar a gente en tiempos de guerra te dan medallas… en tiempos de paz, te llevan a la silla eléctrica.” Genovés tiene razón. Su libro entonces explora ese entramado nunca bien estudiado del todo que es la manifestación de la violencia en los seres humanos en sociedades supuestamente civilizadas. Y con lo anterior entramos al quid de la cuestión.
Al día de hoy, se ha “normalizado” la violencia extrema en México. Ya nadie se asusta y se ha perdido el asombro. ¿Somos los mexicanos más violentos y sádicos a otros países, como Uganda, Ruanda, Haití, El Salvador, que se supone son un tanto incivilizados comparados con nosotros? Una pregunta nada menor.
En corto:
#Fue un periodista norteamericano quien lo advirtió con su olfato dotado, desde 2010, es el mejor reportero del mundo y usted ya conoce la cita, pero vale la pena recordarlo en un país que diario, olvida, la puntillosa reflexión es de John Lee Anderson: “Ustedes los periodistas tienen que averiguar qué es lo que enmascara a la sociedad mexicana para encerrar en su seno tanta violencia… no es posible que tanta violencia y que criminales tan sádicos, tan imaginativamente sádicos hayan surgido de pronto en el panorama mexicano. Algo esconde la sociedad mexicana que lo fue incubando durante años y años.”
#12 de noviembre: asesinan a tiros a dos mujeres policías en Guadalajara, Jalisco. Sus cuerpos fueron hallados en la cajuela de su propia patrulla. 4 de noviembre: atacan vivienda y matan a dos menores en Cancún. Mismo día, acribillan a agente municipal en su domicilio en Oaxaca. Asesinan a taxista por no pagar cuota en Veracruz… sí, la normalización de la violencia extrema en un país de chocolate derretido al sol llamado México.



