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Opinión, Plumas

La involución de la CFE

Nestor Hurtado
Nestor Hurtado
julio 28, 2025

Definitivamente los mejores tiempos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), ya quedaron en el olvido. 

Sin duda lo que fue una empresa fuerte, eficaz y atenta a las necesidades del pueblo, se convirtió en una paraestatal obesa, con más gastos que inversiones, en muchas ocasiones inoperante y en los últimos años rebasada ante la nueva realidad de México. 

La empresa nacional que nació durante la administración de Lázaro Cárdenas, el 14 de agosto de 1937, surgió en el contexto del «boom» de instituciones y principalmente en esa administración, con el sello del control energético y petrolero que urgía y que me atrevo a decir, fue un modelo ejemplar y con grandiosos resultados. 

En otra editorial podríamos hablar de la visión de Lázaro Cárdenas, de quien considero que hizo más cosas desatinadas que acertadas, pero la creación de la CFE o Pemex, por ejemplo, en su momento fueron grandes aciertos que pusieron a México en el mapa internacional como una sólida potencia económica. 

Pero volviendo al tema de la CFE, insisto en que fue una decisión atinada, y hay que poner en la mesa, que en esas épocas arrancaron con 50 mil pesos de presupuesto y apenas decenas de empleados, y a nivel nacional la electrificación apenas rondaba por el 25%. 

Para el año de 1960, ya en la administración de Adolfo López Mateos, es cuando se decreta la nacionalización de la industria eléctrica, con el firme objetivo de que el negocio de la electricidad fuera exclusivamente responsabilidad del estado y la misión era invertir sin precedentes en la ampliación de la red eléctrica, que en ese año, andaba por ahí del 45%, la cual considero fue un éxito rotundo. 

Como imaginaremos, había varias tareas muy relevantes para la CFE en esas épocas, pero en un breve resumen, consistían en invertir para conectar a todo el país, ofrecer el servicio a los beneficiarios y obviamente dar mantenimiento a toda la red de usuarios.

Hoy en día, sin duda las necesidades son otras, pero ahora los retos se traducen en abastecer la gran demanda de consumo, que entre lo industrial y el 99% de cobertura en los domicilios de México, la carga es cada día más pesada. 

Pero como todos hemos notado, los famosos apagones se han convertido en algo parecido a los impuestos, obligatorios y generalizados.

Lo triste es que no veo una salida clara y de manera proporcional, mientras más sube la ineficiencia, más suben las tarifas.

En lo único para lo que son expertos, es en el cobro y en el corte del servicio por el pago impuntual, porque por ejemplo, sí me da coraje que cuando hay apagones, no repongan el día o las horas que afectaron al usuario. 

Y esto es solo hablando económicamente, imaginen a una persona enferma que dependa de condiciones especiales, como climatización permanente, algún instrumento médico que dependa de la electricidad, se convertiría en algo gravísimo. 

En Saltillo por ejemplo, se afecta la distribución del agua de manera brutal, en la industria ni se diga, y como lo mencionaba, entre la ciudadanía obviamente hay pérdidas millonarias y nadie sabe decir nada al respecto. 

Y lo más grave es que no se perfila que quieran buscar o reforzar nuevas fuentes de energía renovables, como la solar o eólica, entre otras. 

En fin, esperemos que cambien de visión, que se abran al mercado privado si es que ya les quedó grande el caballo, que busquen nuevas fuentes de energía y aunque las adversidades internacionales son una realidad, que encuentren el equilibrio entre la generación y un verdadero servicio de talla mundial. 

Ahora sí que en sencillas palabras, que el cobro alcance al servicio. 

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