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¿La Gen Z ya no lee? El dato que rompe el mito

Rubén Duarte
Rubén Duarte
septiembre 7, 2026

Durante los últimos años se ha repetido una idea casi como una verdad absoluta: la Generación Z ya no lee. Entre redes sociales, videos cortos, videojuegos y plataformas de streaming, pareciera que los jóvenes pasan cada vez menos tiempo frente a un libro. Sin embargo, los datos más recientes cuentan una historia diferente: la lectura no está desapareciendo entre los jóvenes, sino que está cambiando de forma.

Actualmente, el 66% de la Generación Z se identifica como lectora, lo que representa un aumento de 14 puntos porcentuales respecto a 2022. Además, el 65% asegura haber leído al menos un libro impreso durante el último año. Estas cifras contradicen la percepción de que los jóvenes dejaron de interesarse por los libros y muestran que, aunque sus hábitos han cambiado, la lectura continúa formando parte de su vida.

Entonces, ¿de dónde viene la idea de que la Gen Z no lee?

Uno de los principales problemas está en la manera en que tradicionalmente se mide la lectura. Durante años, las encuestas se han concentrado principalmente en contabilizar libros impresos, ebooks y audiolibros. Aunque estos formatos siguen siendo importantes, resultan insuficientes para entender cómo consume contenido una generación que creció completamente conectada a internet.

La Gen Z no solamente lee cuando abre un libro. También lee fanfiction, publicaciones en BookTok, recomendaciones de Bookstagram, reseñas en Goodreads, blogs, hilos y diferentes contenidos relacionados con literatura que circulan diariamente en redes sociales.

Estas prácticas muchas veces quedan fuera de las estadísticas tradicionales. Por eso, si únicamente se pregunta cuántos libros leyó una persona durante determinado periodo, se corre el riesgo de presentar una imagen incompleta de sus hábitos de lectura.

La realidad es que los jóvenes pueden estar leyendo constantemente, pero no necesariamente de la manera en que las generaciones anteriores estaban acostumbradas a hacerlo.

La Generación Z creció rodeada de teléfonos inteligentes, redes sociales y acceso prácticamente inmediato a grandes cantidades de información. Para ellos, pasar de una pantalla a un libro, de un video a una reseña o de una recomendación de TikTok a una novela es completamente natural.

En ese contexto surge lo que podría llamarse una lectura posdigital: una forma de leer que no depende de un solo formato y que combina el mundo físico con el digital.

Un joven puede descubrir una novela a través de un video de TikTok, leer reseñas en Goodreads, buscar opiniones de otros lectores en Instagram y finalmente comprar el libro físico. Incluso puede compartir fotografías de sus lecturas en redes sociales y formar parte de comunidades digitales alrededor de determinados autores o géneros.

Esto significa que las redes sociales, lejos de ser únicamente una amenaza para los libros, también pueden convertirse en una puerta de entrada hacia ellos.

El fenómeno de BookTok, por ejemplo, ha hecho que recomendaciones de libros alcancen a millones de usuarios y ha convertido la conversación sobre literatura en un contenido atractivo para las plataformas digitales. Leer ya no necesariamente es una actividad aislada: también puede convertirse en una experiencia social y comunitaria.

A pesar del crecimiento de los formatos digitales, el libro impreso mantiene un atractivo particular entre los jóvenes. Para una generación acostumbrada a estar conectada prácticamente todo el tiempo, tener un libro físico puede representar precisamente lo contrario: una oportunidad para desconectarse.

Leer en papel permite alejarse durante un momento de las notificaciones, mensajes y estímulos constantes del teléfono. El objeto físico adquiere así un valor que va más allá de su contenido.

También está el componente estético. Las portadas, las ediciones especiales, los separadores y las colecciones de libros forman parte de la experiencia. En redes sociales, una estantería o una fotografía de una lectura puede convertirse incluso en una forma de expresión personal.

Además, los libros físicos tienen una característica que los dispositivos digitales no ofrecen de la misma manera: pueden prestarse, regalarse o compartirse físicamente. El libro se convierte entonces en un objeto que circula entre amigos, familiares y comunidades de lectores.

Para la Gen Z, elegir un libro impreso no significa necesariamente rechazar la tecnología. Al contrario, puede ser una elección consciente dentro de un entorno completamente digital.

El problema no parece ser que los jóvenes hayan dejado de leer, sino que la definición tradicional de “leer” se quedó atrás frente a sus nuevos hábitos.

Si solamente contamos libros terminados, podemos pasar por alto todas las horas que una persona dedica a leer historias en internet, descubrir autores en redes sociales, consultar reseñas o participar en comunidades literarias.

La lectura contemporánea es mucho más amplia y fragmentada. Puede comenzar con unas cuantas páginas de una novela y continuar en un comentario de TikTok, una reseña, una recomendación o una conversación con otros lectores.

Esto no significa que cualquier consumo de texto deba considerarse automáticamente equivalente a leer un libro. Pero sí demuestra que las formas de acercarse a la palabra escrita se han multiplicado.

La pregunta, entonces, ya no debería ser simplemente “¿la Gen Z lee?”, sino “¿cómo está leyendo la Gen Z?”

Los datos muestran que la respuesta está lejos de ser negativa. Con un 66% de jóvenes que se identifican como lectores y un 65% que leyó al menos un libro impreso durante el último año, resulta difícil sostener que la lectura está desapareciendo.

Lo que está desapareciendo, en todo caso, es la idea de que existe una única manera correcta de leer.

La Generación Z no abandonó los libros: los incorporó a un ecosistema mucho más amplio. Los descubre en redes, los comenta en internet, los recomienda, los colecciona y, en muchos casos, vuelve al formato físico precisamente para escapar por un momento del mundo digital.

La lectura no está muriendo. Está cambiando de forma. Y una generación que supuestamente había dejado de leer continúa queriendo identificarse como lectora, solo que ahora lo hace de una manera mucho más conectada con su realidad digital

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