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Opinión, Plumas

¿Fin de año o inicio de año?

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
diciembre 22, 2025

Hay fines de año como este y como siempre, raros, calamitosos, apocalípticos. No todo es terciopelo, regalos en el árbol navideño y buenos deseos. En este fin de año hay una coincidencia: el rojo de las esferas y el rojo sangre el cual tiñe las calles y avenidas de México todo, bajo la égida de los del partido guinda llamado Morena y su Presidenta (es un decir) Claudia Sheinbaum y su todavía padrino, Andrés Manuel López Obrador.

¿No debería estar hablando este escritor de las bondades de la llamada “mejor época del año”? No. Lo anterior se lo dejo a la prensa de espectáculos y del corazón; damas y caballeros del jurado, lo siento mucho, pero quien esto escribe no puede andar reseñando abúlicos partidos de fútbol mexicano en esta columna, rumbo al Mundial el cual y en corto tiempo, va a distraer a todo mundo.

Su servidor no puede volverse “especialista” en la franja de Gaza o la guerra fratricida en Ucrania, mientras en México arden las calles y los ajusticiamientos y la violencia es un pan cotidiano el cual se sirve frío y en un plato caliente. No señores. En cristiano es lo siguiente: este escritor y como siempre, va a seguir dejando en letra de letra de molde aquello lo cual se cuenta, se sabe, se parla y se intercambia como charla en la cafetería y en la fila de las tortillas. 

No poca cosa a estas alturas de la vida cuando los celulares son inteligentes y los humanos dejaron de serlo. Callarse equivale a ceder terreno al crimen organizado, callarse equivale a sembrar un clima de terror y miedo solapado el cual a nadie conviene. Pero, advierto, tampoco este escritor es juez ni verdugo. No voy a juzgar, como siempre, a los protagonistas ni mucho menos voy a señalar culpables, lo anterior es la labor de un juez o fiscal de la justicia mexicana. 

Pero vaya y caray, todo aprieta en la vida de hoy. No hay paz ni tranquilidad ni día vacío. Es justo lo contrario. Estamos abrumados por lo políticamente correcto y todo es materia inflamable. Se ha recrudecido, como ejemplo, eso llamado “equidad de género”, “paridad” y respeto a la “diferencia de sexos.” Ya no hay ellas y ellos, ahora es “elles”, ignoro su significado, pero así se auto nombran estos neo entes humanos. 

Un rápido ejemplo al respecto: empiezo por lo primero o por el principio, parea decirlo con Lewis Carroll. En mi época a las sirvientas se les decía así, sirvientas. O criadas. A las mujeres un tanto tiradas a ser varones, se les decía o motejaba como “mujerunjos” o “tortillas” o “desviadas” o lo aceptado, lesbianas. Así de sencillo. Pero hoy el lenguaje hiere y duele… no así los decapitados a puños, los ajusticiados y las masacres cotidianas en este México de Morena. 

En corto:

#Hay un texto (hay innumerables textos de la literatura universal) el cual merece ser quemado por las mujeres agrupadas bajo el lacónico y fiero “8M”, el cual ya se acerca en el calendario, puf. El cuento se llama precisamente “Las criadas.” Es del gran guatemalteco avecindado en México Augusto Monterroso. ¿Aún vive o está unido a la eternidad? 

#Es un texto milimétrico como todos los salidos de su pluma y hace gala de una crítica y reflexión profunda y sardónica sobre esas mujeres empleadas en casa (al parecer hoy es necesario decirles “empleadas domésticas”), las criadas. 

#Su genial texto inicia: “Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque nos les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones…” ¿Fin o inicio de año? Es exactamente lo mismo e intrascendente… 

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