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Opinión, Plumas

El acero en disputa

Isra Reyes
Isra Reyes
enero 27, 2026

Altos Hornos de México no es solo una empresa: es un relato de identidad, una historia que atraviesa generaciones en Monclova y que se incrustó en el imaginario nacional como símbolo de modernidad y orgullo industrial. Hoy, sin embargo, ese relato se tambalea. La venta de la siderúrgica, que parecía un desenlace necesario para cerrar años de incertidumbre, se ha convertido en un nuevo capítulo de litigios y recursos legales.

La paradoja es evidente: mientras los obreros esperan certezas, los tribunales producen más dudas y aplazamientos. La subasta que debía marcar un renacer se enfrenta ahora a impugnaciones de acreedores que reclaman su lugar en la fila. El resultado es un escenario donde el acero no se forja en hornos, sino en expedientes judiciales.

La trayectoria de AHMSA refleja un patrón recurrente en la vida económica del país: proyectos que nacen con vocación nacional, se privatizan con promesas de eficiencia y terminan atrapados en la telaraña de intereses cruzados. La empresa que alguna vez representó el músculo industrial de México hoy se convierte en metáfora de un sistema que no logra dar certidumbre ni a inversionistas ni a trabajadores. En Monclova, la conversación es más sencilla y directa: “Otra vez nos dejaron esperando”. La gente sabe que detrás de cada recurso legal hay meses de incertidumbre y que, mientras tanto, la vida cotidiana sigue con cuentas por pagar y empleos en riesgo. El tono coloquial resume lo que los tecnicismos jurídicos no alcanzan a explicar: la frustración de una comunidad que siente que su destino se decide lejos de sus manos.

Lo que está en juego no es solo la venta de una empresa, sino la confianza en las instituciones que deberían garantizar orden y transparencia. Si la operación se frena, el mensaje será claro: en México incluso las soluciones se convierten en problemas. Y esa percepción, más allá de Monclova, erosiona la credibilidad de todo el sistema económico.

AHMSA se encuentra en un momento incómodo: muestra la fragilidad de nuestras instituciones y la distancia entre las decisiones de arriba y las necesidades de abajo. El país necesita acero y empleos bien pagados, pero también necesita certezas y justicia. Y mientras esas certezas no lleguen, la frase que se repite en las calles de Monclova seguirá siendo la más certera: “Pues ahí vamos otra vez, a esperar que se pongan de acuerdo”.

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