17 de agosto de 2026 | USD: 17.03 MXN |
Saltillo: 26 °C
Publicidad
Opinión, Plumas

El 2027 

Fernando Urbano
Fernando Urbano
agosto 17, 2026

Hablar de que Morena pudiera perder una parte importante del territorio en 2027 sonaba más a deseo opositor que a escenario electoral. El oficialísimo, conserva una enorme ventaja nacional y durante años ha convertido  cada elección en una demostración de fuerza. Pero algo comienzó a cambiar, en el comportamiento del propio oficialismo.

Las primeras encuestas locales empiezan a mostrar competencias que hace algunos meses parecían impensables. Hay entidades donde la oposición y fuerzas locales aparecen con posibilidades reales de ganarle a Morena. A estas alturas puede cambiar absolutamente todo. Pero cuando distintas mediciones comienzan a abrir escenarios competitivos, dejan de ser simplemente lecturas curiosas y se convierten en información que los partidos también están leyendo. Y aparentemente Morena está leyendo con mucha atención.

Morena tiene registrados 277 aspirantes para las gubernaturas que estarán en juego. Está filtrando perfiles, tratando de contener promociones anticipadas, negociando con sus aliados y buscando que la enorme cantidad de interesados termine aceptando decisiones que inevitablemente dejarán a muchos fuera. Incluso se han construido fórmulas políticas para permitir que quienes aspiran comiencen a moverse sin llamarse todavía candidatos. 

Nada de eso significa que Morena esté derrotado. Significa algo bastante más sencillo, ya no puede darse el lujo de sentirse invencible. Y ahí empiezan sus contradicciones.

El partido que durante años cuestionó las prácticas de los partidos tradicionales enfrenta ahora sus propias disputas por reelecciones, familiares, grupos internos y candidatos adelantados. El movimiento que presumía resolver candidaturas mediante encuestas tiene que administrar cientos de aspiraciones mientras intenta evitar rupturas. Y quienes construyeron buena parte de su narrativa alrededor de terminar con privilegios descubren ahora que el poder también genera intereses, herederos y grupos que no quieren soltar posiciones.

Pero existe otro elemento que comienza a llamar la atención. El discurso contra los adversarios se ha endurecido, aumentan los conflictos políticos y cualquier actuación judicial contra personajes opositores adquiere inevitablemente una segunda lectura. Y ahí aparece el problema cuando la justicia comienza a percibirse selectiva.

Por eso es tan importante la congruencia. Si la ley se aplica con toda su fuerza contra unos mientras expedientes incómodos relacionados con personajes cercanos al poder parecen avanzar con otra velocidad, el costo termina siendo para las instituciones. Y quizá ahí esté uno de los mayores riesgos para Morena rumbo a 2027, comenzar a perder aquello que durante años fue uno de sus activos más poderosos, la idea de representar algo diferente.

Las elecciones intermedias serán además el primer gran examen territorial de Claudia Sheinbaum. No estará López Obrador en la boleta y cada estado tendrá su propia dinámica, candidatos, conflictos y evaluación de gobierno. Morena seguirá entrando como favorito en buena parte del país, pero una elección de gubernaturas no se gana únicamente con una marca nacional. Se gana con candidatos competitivos, estructuras locales, buenos gobiernos y capacidad para mantener unidos a quienes pierden las candidaturas.

Por eso quizá las encuestas más interesantes no sean todavía las que preguntan por quién votará la gente. La encuesta verdaderamente reveladora puede estar en la conducta de los propios partidos.

Morena está adelantando definiciones, ordenando aspirantes, poniendo filtros, buscando evitar fracturas y preparándose desde ahora para una elección que formalmente todavía no empieza. 

Puede ser simplemente previsión electoral. De hecho, sería irresponsable que un partido no se preparara con anticipación. Pero también puede significar que desde adentro están viendo algo que durante mucho tiempo no tuvieron necesidad de observar, competencia.

Parece que ya no existe aquella certeza de que bastaba colocar el nombre del candidato junto al logotipo para comenzar a repartir constancias de mayoría. Y eso, para un partido acostumbrado a discutir cuánto iba a ganar y no si podía perder, ya representa un cambio importante.

Publicidad
Publicidad

Comentarios

Notas de Interés

Opinión, Plumas
Opinión, Pluma Invitada