En la actualidad, el impacto de plataformas digitales como Netflix y TikTok va mucho más allá del entretenimiento: se han convertido en motores de transformación cultural que están redefiniendo no solo la forma en que consumimos contenidos, sino también el papel de los medios tradicionales como la televisión.
Durante décadas, la televisión abierta y por cable fue el principal canal de información y entretenimiento. Sin embargo, este modelo ha ido perdiendo terreno frente a las plataformas digitales. De acuerdo con diversos estudios internacionales, más del 60% de los hogares en muchos países ya cuentan con al menos un servicio de streaming, y en el caso de las nuevas generaciones, el cambio es aún más evidente: jóvenes y adultos jóvenes pasan más tiempo en plataformas digitales que frente a la televisión tradicional. En México y América Latina, esta tendencia también ha crecido de manera sostenida en los últimos años.
Netflix ha sido clave en este cambio. Su modelo bajo demanda rompió con la lógica de programación fija, permitiendo a los usuarios decidir qué ver, cuándo y cómo hacerlo. Este fenómeno, conocido como “consumo a la carta”, ha provocado una caída en los niveles de audiencia de la televisión convencional, especialmente en horarios estelares que antes concentraban a millones de espectadores. Además, el concepto de “maratonear” series ha sustituido la espera semanal de capítulos, transformando por completo la experiencia del espectador.
Por su parte, TikTok ha llevado esta transformación a otro nivel. Con contenidos que duran apenas segundos o minutos, ha capturado la atención de millones de usuarios que antes dedicaban ese tiempo a ver programas de televisión. Se estima que el tiempo promedio diario en TikTok supera en muchos casos al consumo de televisión entre jóvenes, lo que refleja un cambio profundo en los hábitos de consumo. La inmediatez, la personalización del contenido mediante algoritmos y la posibilidad de interacción directa han hecho que la televisión tradicional luzca lenta y poco flexible frente a estas nuevas dinámicas.
Otro factor clave en el desplazamiento de la televisión es la publicidad. Las marcas han comenzado a migrar sus inversiones hacia plataformas digitales, donde pueden segmentar mejor a sus audiencias y medir con mayor precisión el impacto de sus campañas. Esto ha debilitado uno de los principales pilares económicos de la televisión tradicional, obligándola a reinventarse para no perder relevancia.
A pesar de este escenario, la televisión no ha desaparecido, pero sí ha tenido que adaptarse. Muchas cadenas han migrado parte de su contenido a plataformas digitales o han creado sus propios servicios de streaming para competir en este nuevo ecosistema. Sin embargo, el cambio es claro: el espectador ya no es pasivo, ahora decide, interactúa y exige contenidos más personalizados.
En este contexto, tanto Netflix como TikTok no solo representan nuevas formas de entretenimiento, sino también el reflejo de una transformación cultural profunda. Han desplazado a la televisión tradicional como eje central del consumo mediático, marcando el inicio de una era donde el control lo tiene la audiencia, y donde la inmediatez, la diversidad y la accesibilidad son las nuevas reglas del juego.



