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Opinión, Plumas

De Aniversarios en Aniversarios

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo
abril 6, 2026

En este generoso espacio digital del “Ahuizote”, iniciando año (o terminado el anterior, según sea su enfoque señor lector), le platiqué rápidamente de varios aniversarios literarios, políticos y musicales los cuales es obligado visitar. Volver a nutrirnos con la savia de las letras, la música y la vida de políticos ejemplares.

En este año el cual ya aprieta en la ventana, lo importante es lo siguiente (para mí, claro. Y espero para usted igual) escuchar la obra completa de ese compositor de otra galaxia, texturas y melodías las cuales me llenan el alma, Max Ritcher; Leer la obra completa de ese autor al cual siempre tengo postergado, Marcel Proust; y llega un aniversario matón: hay que brindar por los primeros 25 años de una buena novela, “La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón. Catalán él. El cual, para nuestra desgracia, ya murió a mitad de la pandemia del bacilo chino.

Carlos Ruiz Zafón. Nacido en Barcelona en 1964. Joven, el maestro se fue de Barcelona porque dijo en alguna entrevista, su ciudad le interesaba sí, pero no lo de hoy, sino lo que había pasado en ella hacía lustros. No su presente ni su futuro, sino su pasado. Un pasado casi inmediato, pero al fin de cuentas, pasado. Su pasión era el cine y por eso se fue a Los Ángeles y a Hollywood. Aunque al parecer, al final de cuentas resultó ser un mero pretexto. Allí se quedó a vivir y escribir. En ese entorno redactó una trilogía de novelas portentosas, ancilada la tirada de naipes en una deslumbrante: “La Sombra del viento.”

“La Sombra del Viento” es un tour de force por la erudición, el ambiente libresco y el escenario urbano de la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, donde habitan bibliófilos enfermos y malditos, amores juveniles y maduros, la mismísima presencia infausta de Franco y las tinieblas de la posguerra. Novela libresca, de intrigas, amores y sociedades secretas. 

El texto inicia en un amanecer de 1945 en una volátil y ceniza Barcelona. Luego, el desarrollo será vertiginoso, con visos de texto a ratos policial, a ratos erudito. Y si la novela avanza en el tiempo debe tener eso que llamamos verosimilitud literaria. Es decir, los personajes deben dormir, ir al baño, bañarse y claro, comer y beber. Los siguientes son algunos renglones sobre comida y bebida rascados en Barcelona, los cuales los he entresacado a vuela pluma para usted.

En corto:

# “Tengo entendido que El Ferroll es una ciudad fascinante. Llena de vida. Y el marisco, dicen que es de fábula, especialmente el centollo.”

# “Bea(triz) bebía anís en copa alta, gastaba medias de seda de la Perla Gris y se maquillaba como las vampiresas cinematográficas…” “Fermín Romero de Torres no se perdía una sesión (de cine). Compraba un montón de chocolatinas y se sentaba en la fila diecisiete a devorarlas…” “Con su primer sueldo, Fermín Romero de Torres se compró un sombrero peliculero, unos zapatos de lluvia y se empeñó en invitarnos a mi padre y a mí a un plato de rabo de toro, que preparaban los lunes en un restaurante a un par de calles de la Plaza Monumental.” 

# ¿Usted ha probado un rabo de toro o las criadillas? Por algún tiempo, esto y no otros eran los platillos estelares en “El Tapanco”, en el centro de Saltillo.  Novela de ensueño verdaderamente, la cual estoy releyendo con placer y agrado. Y caray, que tragedia la muerte del maestro Carlos Ruiz Zafón. 

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