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¡A votar!

Fernando Urbano
Fernando Urbano
junio 1, 2026

Excesos, corrupción, simulaciones y escándalos terminaron provocando que mucha gente comenzara a ver a todos los políticos exactamente iguales. Como si no existieran diferencias entre quienes entienden el servicio público como una responsabilidad y quienes solamente buscan un cargo, poder o reflectores.

Pero también creo que hay algo profundamente injusto en meter absolutamente a todos en el mismo costal. Porque, aunque hoy parezca raro decirlo públicamente, todavía existen personas que hacen política de verdad. Personas que entienden que gobernar, legislar o construir acuerdos no se trata solamente de ganar elecciones o aparecer en una fotografía.

Y probablemente lo digo porque conozco ese mundo desde hace años. He visto campañas, estructuras, derrotas, traiciones, acuerdos, ambiciones y simulaciones. 

Pero también me ha tocado ver personas que genuinamente tienen vocación pública. Gente que sí camina en las calles, aunque no haya cámaras; que sí ayuda, aunque no sea temporada electoral; que sí entiende los problemas reales porque llevan años trabajando ahí y no solamente meses en campaña.

En esta elección local ocurre algo particular, muchos de los candidatos no son nombres lejanos ni figuras construidas artificialmente. Son personas que conozco desde hace años. Algunos son amigos. Otros han coincidido conmigo en distintos momentos políticos, sociales o personales. Y más allá de partidos o campañas, sé perfectamente quiénes trabajan, quiénes construyen y quiénes entienden la responsabilidad que implica representar a la ciudadanía.

Eso cambia mucho la manera de observar una elección. Porque una cosa es ver propaganda y otra muy distinta conocer trayectorias reales.

Vivimos una época donde las redes sociales simplificaron brutalmente la política. Hoy pareciera que todo se resume en slogans, confrontaciones o personajes virales. Pero los estados no se sostienen con frases de internet. Los estados funcionan gracias a instituciones, estabilidad y personas capaces de construir condiciones de gobernabilidad. Y aunque muchas veces no se diga, Coahuila ha logrado mantener precisamente eso en medio de un país profundamente polarizado y golpeado por la violencia.

Claro que existen problemas. Claro que existen errores. Ningún gobierno es perfecto y ninguna fuerza política está libre de críticas. Pero también sería profundamente injusto negar que este estado ha logrado conservar condiciones que en muchas otras partes del país simplemente desaparecieron hace tiempo.

Eso también es resultado de una clase política local que, entendió algo importante, destruir institucionalmente un estado puede tomar meses; construir estabilidad puede tomar décadas. Por eso estas elecciones sí importan.

Importan porque el Congreso no es un espacio decorativo. Desde ahí se construyen acuerdos, presupuestos, reformas y decisiones que terminan impactando directamente la estabilidad política, económica y social de Coahuila.

Y también importan porque detrás de las campañas existen personas reales, con experiencia, capacidad y trabajo acumulado.

Por eso sigo creyendo en la participación. Porque estoy convencido que la política es una herramienta para construir estabilidad, comunidad y futuro. Y porque todavía creo que existen personas que entienden la política no como un privilegio personal, sino como una responsabilidad pública.

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