A más de un año del primer brote detectado, México acumula 14 mil 321 casos de gusano barrenador del ganado, de los cuales 870 continúan activos, de acuerdo con datos oficiales del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica). La situación ha llevado a las autoridades a intensificar las acciones de contención y acelerar proyectos clave para frenar la expansión de la plaga.
Las entidades con mayor número de casos acumulados se concentran en el sureste del país. Chiapas encabeza la lista, seguido por Oaxaca, Veracruz, Yucatán, Tabasco, Campeche y Quintana Roo. Aunque el mayor impacto se ha registrado en bovinos, la presencia del parásito ya se ha detectado en otras especies, incluidos animales domésticos y, en menor medida, personas afectadas por miasis.
Frente a este panorama, la Secretaría de Agricultura informó que la Planta Productora de Moscas Estériles que se construye en Metapa, Chiapas, presenta un avance del 50 por ciento y se prevé que entre en operación durante el primer semestre de 2026. El proyecto, desarrollado en coordinación con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, permitirá incrementar significativamente la producción de insectos estériles, herramienta clave para el control biológico del gusano barrenador.
Actualmente, México depende del suministro de moscas estériles provenientes de Panamá, las cuales se distribuyen desde centros ubicados en Tuxtla Gutiérrez y Tampico, con otro punto de dispersión proyectado en Aguascalientes. Especialistas estiman que la erradicación total de la plaga podría tomar entre 18 meses y dos años, por lo que el objetivo inmediato es evitar que avance hacia regiones cercanas a la frontera norte.
En el ámbito económico, el cierre de la frontera estadounidense a la exportación de ganado mexicano ha generado afectaciones relevantes. Se calcula que más de 1.2 millones de cabezas no han podido comercializarse en el exterior, lo que ha representado pérdidas millonarias para el sector ganadero nacional.
Analistas del mercado agropecuario consideran que el impacto sanitario en el norte del país es mínimo y señalan que la restricción comercial responde más a factores políticos que técnicos. Además, advierten que la medida también tiene efectos negativos para Estados Unidos, donde la escasez de ganado, sumada a una severa sequía, ha presionado los precios de la carne y contribuido a un aumento inflacionario.
Mientras tanto, productores mexicanos enfrentan mayores costos por inspecciones sanitarias y una caída en los ingresos al tener que colocar su ganado en el mercado interno a precios inferiores, lo que mantiene al sector bajo una fuerte presión financiera.




