«Mi familia fue testigo de mi difícil profesión, con tiempos laborales extenuantes y esfuerzos sobrehumanos para luchar contra el crimen y la violencia que azotan a mi país… Fui implacable en la lucha contra el narcotráfico… soy el mexicano más condecorado por las autoridades de seguridad de los Estados Unidos… comparto los valores de democracia, justicia y desarrollo humano…».
Estas palabras provienen de una carta escrita a mano por Genaro García Luna, quien, en un intento desesperado por buscar clemencia, revela aspectos de su pasado justo antes de ser sentenciado por sus vínculos con el crimen organizado.
Su trayectoria es un reflejo de su ascenso y caída. Durante la primera década del siglo XXI, fue visto como un aliado crucial en la lucha contra la delincuencia transnacional, apodado “super policía” o “The Mexican Hoover” por sus colegas estadounidenses. Sin embargo, desde su arresto en 2019, esa imagen ha cambiado drásticamente. Ahora enfrenta acusaciones de traición, siendo considerado parte del Cártel de Sinaloa y cómplice de su crecimiento.
Genaro García Luna se graduó como ingeniero mecánico en la Universidad Autónoma Metropolitana en 1994, comenzando su carrera en los servicios de seguridad en la década de 1980 en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). Su meticulosidad y dedicación le ganaron el respeto de sus superiores, y fue escalando posiciones hasta convertirse en jefe de la Agencia Federal de Investigación durante el gobierno de Vicente Fox, creando una imagen renovada para la policía, similar al FBI estadounidense.
Durante su tiempo como secretario de Seguridad Pública Federal bajo Felipe Calderón, García Luna recibió fondos del “Plan Mérida” y amplió el poder de la policía federal. Sin embargo, su estrategia de mediatización de la justicia, que incluía conferencias de prensa espectaculares, llevó a un escándalo en 2005 cuando se reveló que la Policía Federal había simulado una operación de rescate, provocando una crisis diplomática con Francia.
Tras dejar el cargo, García Luna se trasladó a los Estados Unidos, donde fundó varias empresas de seguridad y obtuvo contratos públicos en México, aunque el gobierno mexicano acusó a estas operaciones de ser fraudulentas. En 2019, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, se reabrieron investigaciones sobre sus prácticas, coincidiendo con el juicio de Joaquín «El Chapo» Guzmán, que reveló su supuesta protección al Cártel de Sinaloa.
El 9 de diciembre de 2019, fue arrestado en Dallas, Texas, sorprendido por la acción de las autoridades estadounidenses, que antes lo habían respaldado. Las acusaciones en su contra alegan que recibió millones de dólares del Cártel de Sinaloa para facilitar su operación de tráfico de drogas hacia Estados Unidos, traicionando la confianza depositada en él.
Su juicio, basado en testimonios de exmiembros del cártel, culminó en febrero de 2023 con su condena por todos los cargos. En México, la Fiscalía General de la República ha emitido órdenes de aprehensión contra él y sus cómplices por corrupción y enriquecimiento ilícito.
Así, el ex super policía, apodado “Hoover mexicano”, enfrenta ahora la justicia de ambos lados de la frontera.



