Desde el 9 de septiembre, la vida en Culiacán ha cambiado drásticamente debido a la creciente violencia entre facciones del Cártel de Sinaloa. Las charlas telefónicas se han convertido en una sentencia de muerte, ya que hombres armados detienen a jóvenes para revisar sus teléfonos. Un simple contacto relacionado con una facción rival puede llevar a secuestros o muertes.
Los residentes, que solían experimentar episodios ocasionales de violencia, ahora viven bajo un régimen de miedo constante. Ismael Bojórquez, un periodista local, señala que salir de la ciudad, incluso durante el día, es extremadamente peligroso debido a los retenes de los narcotraficantes.
El clima de terror ha llevado a muchas familias a abandonar sus hogares. En el último mes, el promedio de asesinatos y secuestros ha aumentado drásticamente, y aproximadamente 200 familias han huido de las comunidades periféricas.
La respuesta del gobierno ha sido insuficiente, y la confianza en las autoridades es escasa. Mientras tanto, los negocios locales sufren, con alrededor de 180 establecimientos cerrados desde el inicio de la crisis, lo que ha resultado en la pérdida de casi 2,000 empleos.
Los residentes que buscan escapar de la violencia se enfrentan a nuevos peligros, incluso al intentar viajar a lugares cercanos. El camino hacia Mazatlán ha sido bloqueado por cárteles que secuestran autobuses y amenazan a los turistas. La única opción para algunos es abandonar la ciudad por vía aérea, una alternativa que no todos pueden permitirse.



