Ante un abarrotado Zócalo repleto de simpatizantes y acarreados, Claudia Sheinbaum Pardo presentó su informe por los primeros 100 días de su gobierno. El evento, marcado por la exaltación de los logros de su administración y la continuidad del modelo de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, dejó fuera temas críticos como la violencia en Sinaloa y otros asuntos prioritarios.
En sus palabras iniciales, Sheinbaum reiteró su rechazo al modelo neoliberal, como si el sexenio de López Obrador aún no hubiera concluido. Destacó cifras récord en inversión extranjera, remesas, reservas internacionales y empleo, así como el papel de México como socio comercial clave de Estados Unidos. Sin embargo, omitió hablar del creciente déficit fiscal, el aumento en la pobreza extrema, la informalidad laboral y la deuda pública.
Uno de los puntos fuertes de su discurso fue el anuncio de una inversión de 835 mil millones de pesos en programas sociales que, según afirmó, beneficiarán a 30 millones de familias. “El dinero que antes se robaban hoy se distribuye para el beneficio del pueblo de México”, dijo, en medio de vítores de los asistentes.
El evento tuvo un inicio tardío, con Sheinbaum subiendo al templete cerca de las 11:00 a.m., acompañada por su gabinete y gobernadores de diversos partidos. En su discurso, defendió proyectos como el Tren Maya, presentándolo como un éxito, pese a las críticas por su limitada operación. También mencionó planes ferroviarios hacia Querétaro, Nuevo Laredo y Pachuca, retomados de la administración anterior.
No obstante, evitó abordar temas sensibles como las pugnas entre facciones criminales en Sinaloa tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, así como las desapariciones, feminicidios y masacres que continúan azotando al país.
El discurso cerró con un tono desafiante hacia Donald Trump, quien pronto asumirá nuevamente la presidencia de Estados Unidos: “Siempre tendremos la frente en alto; México es un país libre, independiente y soberano”, enfatizó.
Pese a un Zócalo lleno, las fallas de sonido, el frío y la falta de conexión con el público dejaron como resultado una audiencia dispersa antes del cierre del evento. En los alrededores, estampas religiosas con la imagen de Sheinbaum, sobrepuestas al Sagrado Corazón de Jesús, evidenciaron un intento por mitificar su figura.
El acto culminó con un mensaje triunfalista que retrató un México paralelo, alejado de las realidades de millones de ciudadanos que siguen enfrentando inseguridad, pobreza y desigualdad.



