En esta ocasión nos encontramos en Las Delicias de Mi General, un restaurante tradicional y profundamente arraigado en la identidad gastronómica de la capital del estado de Coahuila. Es uno de esos lugares que todo turista debería visitar para entender, a través del paladar, lo que significa la cocina mexicana hecha con respeto, memoria y corazón.
Ahí conversamos con su propietaria, Ivonne Orozco, cocinera, creadora, columnista y ahora autora de un libro que invita a mirar más allá de lo visible: Atravesando el velo. Una obra íntima, espiritual y profundamente humana.
Ivonne, ¿cómo te encuentras hoy?
Muy bien, gracias a Dios. En paz y agradecida.
Además de ser cocinera, también escribes. ¿Cuándo descubriste esa necesidad de escribir?
Siempre me ha gustado escribir. Desde hace tres años soy columnista en Federico Vanguardia, pero en realidad escribir ha sido un ejercicio que he practicado durante muchísimos años. No sé si lo hago bien o mal, pero creo que sí se me da un poquito. Para mí la escritura ha sido una forma de entenderme, de ordenar emociones y de sanar.
¿Cómo nace tu libro Atravesando el velo?
Este libro nace como una catarsis. Surge de experiencias personales muy profundas que viví hace algunos años y que me llevaron a ver la vida y la cocina desde otro lugar. Entendí que todo se cocina: se cocina el amor, se cocinan las relaciones, se cocina la vida. La vida misma es una gran receta, y ese entendimiento fue lo que me llevó a escribir este libro.
¿Qué historia encuentra el lector en sus páginas?
El libro tiene una gran historia de amor, pero también habla de vocación, de destino y de sensibilidad. Habla del reflejo de la cocinera que fui, de la que soy hoy y de por qué muchos de nosotros hacemos lo que hacemos. Hay quienes nacen para cantar, otros para curar, otros para enseñar. En mi caso, la cocina siempre estuvo ahí, aunque yo no supiera por qué.
Hoy la cocina se ve muy idealizada. ¿Qué hay detrás de esa imagen?
—La gente ve el platillo bonito en redes sociales, al chef tatuado con pinzas y gorro, o a la cocinera posando. Pero detrás de todo eso hay un trabajo enorme, hay cansancio, hay emoción y hay historias que contar. La cocina es lo que hace que una mesa cuente historias, ya sea en un restaurante o en una casa.
El título del libro es muy sugerente. ¿Qué significa Atravesando el velo?
Yo creo que todos nacemos con un velo. Nuestra alma hace un contrato antes de llegar a este mundo: eliges a tus padres, eliges la vida que vas a vivir. Pero al llegar no recuerdas nada de eso. Hay un velo que te impide ver.
Cuando ese velo se cae, empiezas a ver otras cosas: otras realidades, otras verdades. También puede ser el velo del ego, del egoísmo, de la falta de compasión. Cuando se cae, empiezas a ver lo verdaderamente importante en la vida.
¿Hablas entonces de una experiencia espiritual?
Sí, totalmente. Vivimos pensando que somos lo único que existe, pero no es así. Hay un poder superior, algo mucho más grande. No me considero iluminada ni poderosa, fue una experiencia muy íntima. Me dio mucho miedo sacar este libro porque hay una Ivonne completamente vulnerable, desnuda emocionalmente, que nadie conoce.
¿Por qué crees que fue importante mostrar esa vulnerabilidad?
Porque todos nos etiquetamos: el mejor médico, el mejor periodista, la mejor cocinera. Pero detrás de todo eso hay un ser humano que llora, que tiene miedo, que se equivoca. En este libro quise mostrar esa parte que normalmente ocultamos.
¿Cómo se conecta esta espiritualidad con la cocina?
Yo no me considero chef. Soy cocinera y creadora. No puedo ser solo una jefa de cocina, necesito crear todo el tiempo. Me encanta ir a los mercados, observar a una mujer anciana haciendo tortillas, ver a una abuelita cocinando lentejas. Eso genera memoria.
Cuando se te caen los velos, entiendes que una tortilla no es solo una tortilla. Hay que irse hasta la milpa, hasta la semilla. Hay un proceso cósmico detrás, una herencia que viene desde los mayas, desde el Popol Vuh, desde el maíz y el cacao.
¿Crees que la cocina es una forma de comunicación?
Totalmente. Ha sido una de las principales formas de comunicación, sobre todo de las mujeres. Muchas no fueron reconocidas, pero todas nos alimentaron. Cocinar fue su acto más grande de amor y también una forma de sanar.
Cada día, en miles de hogares mexicanos, se escribe una carta de amor a través de la cocina. Esa es una herencia viva que seguimos sintiendo.
El libro también aborda el tema de las vidas pasadas. ¿Cómo surge eso?
Habla de una mujer de otra época, que hoy reencarna en mí. Ella encuentra al amor de todas sus vidas, aunque no pueda estar con él en esta vida. Pero lo reconoce. Y cuando le sirve un plato, recuerda que en otra vida también le daba de comer. Claro que existió otra Ivonne, con otro nombre.
¿Cuándo te diste cuenta de que estabas viviendo algo distinto?
Ni cuenta me di. De repente ya estaba viendo cosas. Desde niña fui muy sensible: tenía amigos imaginarios, les hacía comida con hojas. Siempre fui cocinera, incluso antes de saberlo. Yo quería ser diseñadora gráfica, me gustaba la pintura, pero el arte siempre estuvo ahí, solo que se manifestó a través de la cocina.
Durante mucho tiempo guardaste silencio sobre esta experiencia. ¿Por qué?
Por miedo. Miedo a que pensaran que estaba loca. Por eso el libro es como un diario emocional. No soy escritora profesional, tomé algunos talleres, hice mi mejor esfuerzo narrativo. Es mi primer libro y viene desde la honestidad.
¿Qué papel juega la mesa y el alimento en tu visión?
La mesa es un círculo de poder. Ahí se celebran bodas, la vida, el amor. Nadie puede vivir sin comer. El alimento nos habla todo el tiempo. El cuerpo te avisa cuando algo te hace bien o mal. La cocina es conexión con Dios, con la tierra, con el cosmos.
¿A quién dedicas este libro?
A Dios, a mis hijos, a mi familia y a todas las personas que me acompañaron en este proceso: terapeutas, amigos, guías. Personas humanas, sensibles, que supieron sostenerme cuando me sentía volando, sin saber si estaba arriba o abajo.
Está dedicado a quienes creemos que no somos solo esto, que somos mucho más.
¿Qué viene después?
Vienen más libros. Uno sobre maridaje entre comida mexicana y vino mexicano, que se llamará Sabor a ti. Otro, Ensálzame la vida, que habla de cómo el mexicano transforma todo, de la salsa como símbolo cultural, de las manos que siguen cocinando en este país y que merecen ser vistas y honradas.
Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría dejar?
Que la vida es una gran receta. No estamos solos. Hay mucha luz, pero también hay que hacer un trabajo personal. El alimento no es solo lo que comemos, es cómo pensamos, cómo tratamos a los demás.
Cuando el alma está bien alimentada, todo lo demás pasa a segundo plano.




