La Iglesia católica en Suiza puso en marcha un programa piloto orientado a la prevención de abusos sexuales, a partir de un estudio académico que documentó más de mil casos desde mediados del siglo XX, en su mayoría contra menores. Como parte de la estrategia, se estableció una evaluación psicológica obligatoria para aspirantes al sacerdocio y agentes pastorales laicos.
El proceso incluye pruebas psicológicas, entrevistas por competencias y valoraciones médico-legales realizadas por especialistas externos. De acuerdo con autoridades eclesiásticas, los resultados han derivado en decisiones para descartar perfiles considerados no aptos, en un esfuerzo por fortalecer los mecanismos de prevención dentro de la institución.




