Lejos de la atención que recibió su isla privada en el Caribe, una de las propiedades más herméticas de Jeffrey Epstein se encuentra en el alto desierto de Nuevo México. Se trata del llamado rancho Zorro, una extensa finca ubicada al sur de Santa Fe, rodeada de kilómetros de terreno árido, con vecinos dispersos y escasa vigilancia pública.
El complejo, que incluye una mansión de casi 2,800 metros cuadrados, pista de aterrizaje privada y otras instalaciones, fue propiedad del financiero durante más de dos décadas. Algunas víctimas han señalado que fueron trasladadas allí, mientras que documentos judiciales también mencionan visitas de figuras influyentes y supuestos planes para desarrollar proyectos de ingeniería genética.
A pesar de ello, autoridades estatales sostienen que las posibles actividades ilícitas en esa propiedad nunca fueron investigadas a fondo. En 2019, cuando avanzaba una indagatoria local, fiscales federales del Distrito Sur de Nueva York solicitaron asumir el control del caso. Con el tiempo, según exfuncionarios estatales, la línea de investigación relacionada con el rancho perdió impulso.
Nueva comisión y reapertura del caso
El tema volvió a cobrar fuerza después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicara nuevos documentos vinculados a Epstein. Legisladores de Nuevo México aprobaron por unanimidad la creación de una comisión especial con facultades de citación para revisar lo ocurrido en la propiedad. Paralelamente, la oficina del fiscal general estatal anunció la reapertura de su propia investigación.
Entre los señalamientos que han generado mayor inquietud figura una denuncia anónima enviada en 2019, en la que se afirmaba que podrían existir víctimas enterradas en los alrededores del rancho. No está claro si el Federal Bureau of Investigation investigó formalmente esa acusación, y la agencia ha declinado hacer comentarios públicos.
Un enclave aislado y discreto
Epstein adquirió el terreno en 1993 cerca de la comunidad de Stanley, en una región caracterizada por su aislamiento. Residentes locales han señalado que el hermetismo y la tradición de respetar la privacidad ajena facilitaron que la propiedad operara durante años sin mayor escrutinio.
Además de su ubicación remota, el estado contaba con regulaciones menos estrictas en materia de registro de delincuentes sexuales, lo que también generó cuestionamientos posteriores sobre el entorno legal que rodeó su estancia allí.
Tras la muerte de Epstein en 2019, la finca cambió de propietario en 2023. El nuevo dueño, Don Huffines, empresario inmobiliario y exlegislador de Texas, ha manifestado públicamente su disposición a colaborar con las autoridades si se le solicita acceso al lugar. Actualmente, la propiedad ha sido rebautizada como rancho San Rafael y se proyecta transformarla en un retiro de carácter religioso.
Mientras tanto, legisladores estatales advierten que el paso del tiempo podría haber complicado la preservación de pruebas. Para algunos funcionarios, el reto ahora será determinar si en ese vasto paisaje del desierto quedaron rastros de hechos que nunca fueron plenamente esclarecidos.




