Piedras Negras, Coahuila.— Nuevas boyas flotantes comenzaron a instalarse en el río Bravo, frente a Piedras Negras, como parte del reforzamiento de las medidas de seguridad fronteriza implementadas por autoridades de Texas y Estados Unidos.
La nueva barrera ya se extiende por debajo de los dos puentes internacionales que comunican a Piedras Negras con Eagle Pass, Texas, y alcanza una longitud superior a tres kilómetros. Los trabajos comenzaron a observarse desde hace varias semanas en las inmediaciones del Puente Internacional I.
La colocación ocurre pese a que el flujo migratorio en esta zona fronteriza ha disminuido considerablemente. De acuerdo con información citada por medios nacionales a partir de registros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), durante el actual año fiscal se contabilizan 115 mil 762 encuentros de autoridades con migrantes en la frontera, una cifra inferior a los más de 1.5 millones registrados en 2024.
En Piedras Negras, Miguel Ángel Rodríguez, encargado de un albergue del Ejército de Salvación, señaló que actualmente reciben entre siete y 11 migrantes por semana, cuando en años anteriores la cifra podía superar el centenar. Según explicó, varias de las personas que llegan ahora buscan establecerse en la región y encontrar empleo, más que intentar cruzar de manera irregular.
La barrera forma parte de las medidas fronterizas asociadas con el operativo Lone Star, impulsado por Texas desde 2021 y que ha incluido barreras físicas, contenedores, cercas y estructuras en el río Bravo. La instalación original de boyas en el área de Eagle Pass comenzó en 2023 y generó cuestionamientos entre autoridades mexicanas por sus posibles efectos sobre el cauce del río.
La nueva infraestructura también ha generado críticas. Amerika Garcia Grewal, codirectora de Frontera Federation, cuestionó el gasto destinado a las barreras fronterizas y advirtió sobre posibles riesgos para las comunidades ubicadas a ambos lados del río. Organizaciones y especialistas han planteado preocupaciones relacionadas con inundaciones, infraestructura y afectaciones ambientales.
Los riesgos no son únicamente hipotéticos. En julio pasado, una creciente del río provocó que más de 100 boyas se desprendieran y fueran arrastradas por la corriente hacia Eagle Pass, situación que llevó al cierre temporal de los puentes internacionales ante el riesgo de que las estructuras impactaran contra ellos.
La instalación actual mantiene así la atención sobre la frontera entre Coahuila y Texas, en un momento de menor movilidad migratoria, pero con una expansión de las barreras físicas en el río Bravo. Además de su función para dificultar cruces irregulares, especialistas han señalado que será necesario evaluar sus posibles efectos sobre el comportamiento del agua, la infraestructura fronteriza y el ecosistema de la región.



